Por fin probamos Kinect

Hay cosas que sólo pueden ocurrir en Madrid. Que inauguren una calle es una de ellas. Hablamos de la calle Serrano, que ya estaba allí de antes, en el elitista barrio de Salamanca, pero como llevaba en obras desde tiempos inmemoriales, han aprovechado el fin de éstas para inaugurar (o re-inaugurar, más bien) la calle. Ocurrió el pasado 25 de septiembre. Como tengan que hacer lo mismo con todas las calles de Madrid que están ahora en obras, vamos de cráneo.

Aprovechando que la calle en cuestión se iba a poner hasta la cencerreta de gente so pretexto de dicha inauguración, Microsoft decidió comenzar la que será una larga presentación en sociedad de Kinect, el dispositivo anteriormente conocido como Natal, y que ellos proponen como el interfaz de usuario definitivo para videojuegos. Como el resto de miembros de la redacción estaban muy ocupados tirándole a los palomos o sobando traseros de cosplayers en la Japan Weekend, la voz de los Súper-Tacañones me encomendó la sagrada misión de darme una vuelta por allí a primera hora de la mañana, a ver qué se cocía.

He de admitir que en un primer momento miraba Kinect con cierto recelo. No veía nada clara la idea de controlar un videojuego con los movimientos del cuerpo, detectados por una cámara. Tampoco es tan raro, teniendo en cuenta referentes como Eye Toy. Pero no tardé en darme cuenta de que este dispositivo para Xbox 360 no era exactamente lo mismo.

Aún era temprano, apenas había gente en la Casa Kinect, salvo unos pocos compañeros de otros medios, así que hice lo que pude por inhibir mi habitual miedo al ridículo y di un paso al frente en cuanto los alegres muchachos de Microsoft pidieron voluntarios para probar una de las betas disponibles. Tras mucho pensar me decidí por Kinect Sports, un juego de deportes multi-disciplinar desarrollado por Rare (nada menos) y que, al estilo de Wii Sports, aprovecha los avatares personalizados de los usuarios.

Tras calibrar el dispositivo simplemente alzando la mano y especificar con otro movimiento de mano que soy diestro, elegí la prueba de tenis de mesa. Mediante la detección de la posición y el movimiento de mi mano derecha, la máquina calculaba la posición de mi paleta, pero no sólo eso: los movimientos de mi cuerpo eran seguidos por mi avatar en el juego; no los imitaba con una precisión absoluta, pero sí calculaba realmente bien las distintas posiciones de mis manos y mis pies. Además, dependiendo de la rapidez con que moviese mi mano derecha, le podía dar más o menos fuerza a mis golpes e incluso darle un poco de efecto a la bola, aunque en ésto último la interfaz no siempre respondía como uno esperaba. De todos modos, dejando a un lado ésto y un ligerísimo retardo en la respuesta, que no tardas demasiado en aprender a compensar, me dio la sensación de que Kinect respondía realmente bien, con una precisión más que aceptable y sin que en ningún momento llegara a descalibrarse durante el juego.

Otros reporteros dicharacheros probaron la modalidad de voleibol; me dio la sensación de que la respuesta de Kinect en este modo de juego no era tan sumamente precisa, pero también es cierto que la prueba en sí era, en ese sentido, menos exigente, ya que, al parecer, bastaba con tener las manos en la posición adecuada en el momento adecuado (señalada dicha posición con un gran círculo en la pantalla, hacia el cual debías mover tus manos) y en saltar también en el momento oportuno. Lo que sí es cierto es que debía de ser agotador para el gamer estándar (friki vago y/o con sobrepeso) jugar a esta prueba de voleibol durante mucho tiempo. Lo que sí es impepinable es que esta prueba era bastante más divertida que la que yo elegí, especialmente con un compañero de equipo.

Otros asistentes probaron otros juegos, como Kinect Adventure, también con varios mini-juegos bastante menos convencionales o Kinectimals, un anodino juego de interactuar con animalitos y acariciarlos, que parecía más una demo técnica que otra cosa.

Y llegó el turno de Joyride, un juego de conducción arcade muy en la línea de Mario Kart y similares, en el que controlábamos nuestro vehículo simulando tener un volante entre las manos, forzando derrapes moviendo el culo. No, no estoy de coña. Sobre el papel la idea es buena, pero en la práctica es francamente difícil no perder por completo el control de nuestro coche en cada curva, además de que tener los brazos en vilo durante un rato largo se hace realmente cansado. Quizá fue el juego que peor impresión me causó, pero hay que tener en cuenta que estamos hablando de una beta probada durante unos cuantos minutos.

En suma, buena parte de mi escepticismo inicial acerca de Kinect se ha disipado. Responde bien y puede llegar a ser muy divertido si se utiliza correctamente. Sólo nos queda ver las aplicaciones prácticas que tendrá, es decir, si la industria inundará el mercado con insustanciales juegos estilo “party” para botellones nocturnos o si habrá desarrolladores con la imaginación suficiente como para sacarle partido de forma creativa a esta interesante forma de jugar.

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7 respuestas a Por fin probamos Kinect

  1. Muy bueno Dani. La verdad es que la calle estaba petadísima, no sé si les saldría a cuento haber escogido ese día, porque estando tan abarrotada seguro que mucha gente ni se dio cuenta de Kinect.

    Por lo demás, está bien que por fin hayan dado a probar los juegos de la primera hornada.

  2. Parece que ha gustado pero en mi caso el precio me echa para atrás… Si costara máximo 100 euros y viniera con juegos todavía me animaba a comprarlo a medias con mi hermano.

  3. Yo todavía soy usuario de la primera XBOX así que el Kinect me queda lejos de momento.

  4. si cuesta lo que dicen que costara yo se de uno que se queda con las ganas

  5. Juego de botellon, buena defibición, me gusta.

  6. Muy bueno Dani, pero esas fotos de Serrano no se corresponde con lo que vimos poco después. ¿Muchas agujetas después de probar el kinect? 🙂

  7. Dani como ves lo que se comentó del espacio? a mi me atrae pero en mi casa tengo muy poco sitio la verdad

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