Memoria Analógica #2: Admiradora Secreta

Lo recuerdo como si fuera ayer. Aquella tarde de sábado del verano de 1988 esperaba, sentado en mi sofá, a que la cinta terminara de rebobinarse. Mientras tanto, daba buena cuenta del bocadillo de mantequilla de chocolate (cuatro miserables onzas distribuidas sobre una enorme extensión de pan) que acostumbraba a ser una de nuestras más apreciadas meriendas. Qué poco podía imaginar que estaba a punto de sufrir una de las experiencias más traumáticas de mi recién estrenada adolescencia.

 

 

Desde luego no era mi día de suerte. Ni el título ni la carátula presagiaban nada bueno y ya me disponía,  estoico, a tragarme lo que iba a ser, caso con total seguridad, una auténtica mierda que previamente habíamos alquilado esa misma mañana. Más que recordar, deduzco que semejante elección fue, sin duda, de mi hermana, claro. Es evidente que, esta que nos ocupa, no era precisamente una peli “de las mías”.

 

Está claro cuáles son “las mías”, ¿no?

 

Llegados a este punto toca hacer una pequeña aclaración. El ritual semanal de la visita al videoclub solía ir precedido por unas arduas “negociaciones fraternas”. El título elegido no era tema baladí ya que, según las reglas, jamás enunciadas pero universalmente aceptadas de la generación del VHS: “lo que se alquila, se ve”. No era cuestión de gastarse 200 o 300 pesetazas para luego no ver la película por tonterías tales como que esta no nos gustara lo más mínimo.

En esas negociaciones hacía ya años que habían quedado sentadas las bases. No sé en las vuestras, pero en mi casa jamás existió una clasificación por géneros tales como Thriller, Comedia, Terror, Aventuras… Tan sólo existía una división básica para referirse al total de la producción cinematográfica. Cuando en mi entorno familiar se hablaba de cine las películas eran, o bien de “las mías” o, por el contrario, de “las tuyas”. Siguiendo esa clasificación, “las mías” comprendían las “de tetas”, “de monstruos” o “de tiros”. “Las tuyas” (refiriéndome a las de mi hermana) eran indefectiblemente “de amoooooooor” (sí, porque os aseguro que ella siempre lo pronunciaba así, con esa “o” repetida hasta el hartazgo y, si se encontraba en uno de esos días especialmente tontos, incluso con aleteo de pestañas).

Para ser exhaustivos en la clasificación he de mencionar la existencia de un tercer género: las películas “de esas”. Las cuales solían estar relegadas al rincón más alejado del videolcub y separadas del resto por una mugrienta cortina. Alguna que otra vez, rebuscando en las estanterías cercanas, que es dónde solían estar las “de monstruos” vi salir a algún viejo tras la cortina para, posteriormente y sin mirar a nadie, dirigirse raudo al mostrador dónde, con una mirada cómplice, el dependiente le pasaba su “mercancía”. En el breve instante en que se descorría la cortina se podían entrever algunas carátulas y se podía soñar con qué increíbles imágenes contendría esas cintas de vídeo. Jamás en mi vida me atreví a alquilar una peli “de esas” en el videoclub de mi barro. Jamás conocía a nadie que lo hubiera hecho. Es más, jamás conocía a nadie que conociera a nadie que lo hubiera hecho, lo cual nos llevaba, inexorablemente, a otra de las reglas de la generación del VHS: “Nadie, nunca, en la vida, ha alquilado ni alquilará nunca una película “de esas” en el videoclub de su barrio”.

 

Esa cortina, ¿qué guardará?

 

Pero ya me iba del tema. Dejadme que antes de narraros la terrible experiencia que supuso, para mí, el visionado de “Admiradora Secreta” hablemos primero de…

 

La película

Estrenada a mediados de 1985 y repletita de rostros conocidos de la época podemos decir que estamos hablando de un relativo fracaso comercial. La película ganó dinero, claro, una recaudación total cercana a los 9 millones de dólares (recordemos que no hablamos de grandes superproducciones). Pero ese mismo año le tocó competir con dos de los referentes del género dirigidas por el gran John Hughes, hablamos de “La Mujer Explosiva” y “El Club de los Cinco”, cuyas recaudaciones rondaron los 30 y 40 millones de dólares respectivamente.

Dirigida por David Greenwalt, un tío que no se puede decir que haya dejado un gran legado en el terreno cinematográfico. De hecho esta es su única película. En televisión, sin embargo, sí que ha trabajado bastante, dirigiendo y guionizando multitud de capítulos en series como “Buffy”, “Angel”, “Aquellos Maravillosos Años” o “Expediente X”.

La interpretación corrió a cargo de:

C. Thomas Howell como “el prota”. Una cara muy conocida en la época que no ha parado de trabajar desde entonces. Sin duda su mayor logro fue actuar bajo la batuta de Scorsese unos años antes en “Rebeldes”, interpretando el papel de “Ponyboy Curtis” (¿hay algún actor joven de los 80 que no trabajara en “rebeldes”?).

Lori Loughlin como “la admiradora secreta”. Esta fue su última película para cine, luego paso directamente a televisión, ¿os acordáis de la morena de “Padres Forzosos”?

Kelly Preston como “la guapa”. Y lo cierto es que la chica lo es. Se puede decir que es la que ha gozado de una carrera cinematográfica más exitosa. La hemos podido ver en películas como “Los gemelos golpean dos veces”, “Jerry Maguire” o “Sky High”.

 

“El Prota”

 

“La Admiradora”

 

“La Guapa”

 

Los secundarios también eran los habituales de la época, ¿os suenan estas caras?

 

 

En fin, esta era la película. Pasemos ahora a…

Los recuerdos

Es curioso cómo este es uno de esos títulos que siempre saco a colación cuando, en cualquier reunión friki-ochentera empezamos, como el que recita una letanía contra el tiempo y el hastío, a nombrar películas de “nuestra época”. Es curioso porque, lo cierto, es que recordaba bien poco de ella. Tan solo que la historia empezaba con una carta que recibía el chico firmada por su “Admiradora Secreta”, que esa carta se la había enviado su mejor amiga y que, gracias a esa carta, el conseguía ligarse a la “guapa” del instituto. Poquito más retenía en mi memoria.

Hay sin embargo un par de detalles que si que retengo de aquellos años. Un par de curiosidades que venían a demostrar que esta película devino en un pequeño, quizás insignificante, clásico inmediato para la fauna de instituto de finales de los ochenta. Raro es quien no conozca a alguien que en esa época no recibiera una carta de amor anónima. Raro es quién no guarde entre sus papeles, quien no tenga en una carpeta vieja o en unos apuntes olvidados, un mensaje firmado con tres “X” y tres “O”. Os aseguro que, antes de esta película, nadie hacía uso de esta forma tan específicamente anglosajona de representar “hugs and kisses”, “abrazos y besos” en esta España nuestra.

Esos son mis recuerdos de la época, esos y, por supuesto, la siguiente escena. Os advierto que puede herir sensibilidades. Si tenéis hijos entre 12 y 16 años, por favor, no dejéis que la vean. Puede marcarlos para siempre.

 

 

Terrorífica, ¿verdad? Aún no comprendo cómo no se incluía ningún aviso en la carátula. Todavía hoy se me pone la carne de gallina cuando la veo y comprendo lo mucho que puede influir en la vida de un adolescente una escena tan, aparentemente, inocente como esta.

¿Qué? ¿Qué no os parece aterradora? ¿Qué no comprendéis el peligro que encierra? Dejadme que os meta en el contexto de la época y de la persona.

En el verano de 1988 el que suscribe tenía la tierna edad de 13 añitos (si, en los ochenta 13 años era una edad tierna). No sería hasta después de ese verano que uno entraría en el instituto donde, después de haber pasado por un colegio Salesiano, esperaba encontrar un ambiente igualito al de las películas americanas.

La educación sexual de esos años se fundamentaba en tres pilares básicos, a saber:

1 – Los curas Salesianos: “Si te tocas ahí, te quedaras ciego, o tonto… O las dos cosas”
2 – Los padres: “Ya te enterarás cuando seas mayor”
3 – Las películas.

Y lo cierto es que, hasta donde yo sé, las películas que se nos permitía ver por aquel entonces enseñaban más bien poco de lo que es, digamos, “la parte técnica del asunto”. Hablando claro, el sexo que se veía en las comedias americanas, el observado en las de Pajares y Esteso, el mostrado en las infames comedias italianas de Jaimito, era divertido y ligeramente excitante, pero sobre todo, sobre cualquier otra consideración, resultaba natural y espontáneo, parecía a sus protagonistas tan habitual como comer, respirar o ir al baño, aparentaba, en definitiva, ser extremadamente FÁCIL.

 

Es fácil, ¿verdad?

 

La aproximación más realista al “hecho coital” ya la habíamos visto mil veces en “El Lago Azul” (¡Ahhh! Esa hermosura de Brooke Shields) y lo cierto es que, en esa película, nada dejaba adivinar que la cosa fuera particularmente… complicada o requiriera de una especial habilidad. ¡Joder, a esos dos no les había enseñado nadie y parecía que se apañaban divinamente!

 

¡Grrrrr, Guapa esta la niña!

 

Y ahora que la única preocupación que albergábamos con respecto a “eso” en nuestros primeros años de “revolución hormonal”, tenía que ver con el “¿Cuándo?” y pasaba, de puntillas sobre el “¿Dónde? Ahora llegaba la dichosa peliculita de los cojones a sembrar, en lo más profundo de nuestro ser, la semilla de la duda mayúscula. La única cuestión que habíamos considerado, hasta ese entonces, insignificante. Ahora nos enfrentábamos, por vez primera, en toda su desgarradora crudeza, al maldito interrogante del “¿Cómo?”.

Porque señores, la escenita de marras te sumergía de lleno en un mar de inquietudes: ¿Cómo se hace? ¿Me apañaré? ¿Se reirán de mí? ¿Se notará que no tengo ni idea? ¿A quién se le pregunta esto? ¿Quién me enseñará? Y, la más importante de todas, ¿Dónde cojones puedo pillar un puto “HowTo” si aún no tenemos Internet?

Y ese es el tema, amigos míos. Quizás no os parezca tan terrible visto con los ojos de una persona adulta pero, os puedo asegurar, que, para un chaval que se negó siempre a bailar nada que no tuviera unos pasos perfectamente definidos y que se pudieran consultar en un manual, aquello supuso un auténtico trauma.

Para tranquilidad de los lectores puedo decir que, finalmente, el tema del “aprendizaje” quedó satisfactoriamente resuelto pocos años después gracias a cierto viaje de estudios y a una buena dosis de alcohol en sangre aunque eso… Eso es otra historia.

Pero siguiendo con el asunto que nos ocupa, en esta sección peliculera tenemos un trato, ¿no? No basta con hablar de recuerdos sino que hay que enfrentarse a ellos. Así pues, después de verla de nuevo la pregunta es…

¿Cómo ha resistido el paso del tiempo?

Pues he de decir que bastante bien. No estamos hablando de ninguna maravilla, por supuesto. Esta película es casi un ejemplo canónico de la “Comedia romántica adolescente de los ochenta” con todo lo positivo y lo negativo que eso conlleva. Pero lo cierto es que me ha resultado bastante divertida. Tenía olvidada completamente toda la subtrama de enredos matrimoniales que las dichosas cartas provocan entre los padres de los protagonistas y lo cierto es que resultan lo bastante amenas como para alargar la duración del film hasta los 90 minutos reglamentarios.

Por lo demás está todo aquí: el amigo cachondo del protagonista, el hermano coñazo, el novio “universitario”, la fiesta salvaje, la escenita “romántica” en el coche, el “mirador de los enamorados” y, por supuesto, ese final feliz “In Extremis” tan difícilmente creíble y destinado, tan solo, a arrancar un “Oooohhhhhhhhh” en el momento del beso a la platea repletita, como no, de esas niñas que dicen “amor” con varias Oes seguidas y, si tienen el día lo bastante tonto, con el obligado aleteo de pestañas.

Por si fuera poco, si tienes la suerte de haber vivido esos años disfrutaras del extra añadido del “efecto memoria”, todo te resultara familiar y, de ese modo, ver una película como esta es, casi, como reencontrarse con los viejos amigos. Si queréis comprobar si os merece la pena volver a ver esta peli hagamos el siguiente test de aceptación. Ved este video:

¿Qué tal? ¿Habéis reconocido a Corey Haim? ¿Os habéis dado cuenta que tiene la voz de Gordy, el de “Los Goonies”?
Si habéis respondido afirmativamente a las dos preguntas no os lo penséis mas y ved “Admiradora Secreta”. De vez en cuando y aún cuando resulte algo doloroso, gusta volver “al lugar donde has sido feliz”, ¿no?

Y eso es todo. No os perdáis el próximo capítulo de “Memoria Analógica” ya sabéis: “Próximamente en su videoclub más cercano”.

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Acerca de logaran

Aficionado a todo menos al fútbol y a los toros. Friki convencido y a mucha honra. Estoy más que preparado para un apocalipsis zombi... Web | Twitter | Facebook | Google+
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11 respuestas a Memoria Analógica #2: Admiradora Secreta

  1. Te has lucido con esta primera entrega compañero, y le has pegado un repaso a la película como tiene que ser en Fase Bonus, desde la nostalgia y nuestra concepción del mundo en la época.

    Qué gran verdad que tristemente estas películas eran muchas veces nuestra principal fuente de información.

    Cojonudo, con muchas ganas de leer la siguiente entrega 🙂

  2. Puf que bueno que bueno, cuantos recuerdos asin a bote pronto jejeje. Se podría decir más alto pero no más claro, ansioso me quedo de tu próximo artículo…

  3. 😀 😀 😀 Que “pechá” de reir me he “dao”… buenísimo el artículo, logaran

    Recuerdo haber visto también esta pelí en su época, cuando mi padre venía los viernes con 3 o 4 pelis para el fin de semana (no sé, pero intuyo que también caería alguna de “esas” 😀 ) pero el recuerdo que tengo de ella es muy vago… de la demoledora escena del hazlo bien no me acordaba, pero de la mierda de desayuno que se zampa el Corey Haim si 😀

    Le volveré a dar una segunda oportunidad a la peli, a ver si recuerdo como iba 😛

  4. ¡Me ha encantado el artículo!, y se ve que esta serie de Memoria Analógica va a ser de obligadísima lectura en cada una de sus entregas.

    Eso sí, yo la peli no la toco ni con un palo. Al fin y al cabo a mí nunca me llegó ninguna carta de amor anónima 🙁 ni recuerdo haber tenido nunca un papel firmado con las 3 ‘X’ y 3 ‘O’.

  5. ¡Genial artículo logaran! Mezcla sensatez y nostalgia a partes iguales. Da gusto leer un texto así, en el que se nota que el autor ha disfrutado escribiéndolo. Me has dejado con ganas de la próxima entrega.

  6. Muchas gracias por las opiniones chicos. La verdad es que estoy disfrutando un montón con este pequeño aporte a FaseBonus y, por si fuera poco, vuestros comentarios le ponen a uno el ego por las nubes, je je. 😀

  7. Te ha quedado genial. Yo tuve suerte, sólo tengo hermanos. Así que las pelis eran: “las nuestras”

  8. Qué arte, si señor. La escena, si, posiblemente la más terrorífica que pueda ver un chaval de 12 ó 13 años (quizá hoy en día la cosa ande por 7 u 8, ¿no?) Y la película en si pues… oye, llamadme raro, pero no me llama xDD

    El artículo de 10, ansioso por leer el siguiente (y no es cosa de que sea hermano del articulista, ni nada por el estilo)

  9. Me ha encantado como, más allá de película, lo has contextualizado en la sociedad de entonces…

    Me quedo con esos viernes donde tu padre aparecía con 4 películas y le echabas la bronca porque alguna ya la habiamos visto y no se acordaba o con esos traumas sexuales tras ver películas como esta o Porkys con el virginal Pewe -genial tu apreciación-.

    De todas formas, toda esa generación nacida a finales de los 70 estamos cortados por el mismo patrón… 😛

    NOTA: Por cierto, en el videoclub que yo frecuentaba no había separación para las pelis XXX asi que te ponías morado a ver las portadas.

    Sería interesante un especial de Memoria Analógica centrada en los Videoclubs y sus anecdotas que seguro hay bastantes… como las multas por no traerlas rebobinadas o por no devolverlas a tiempo.

  10. Logaran, me has puesto nostálgico. Probablemente haya visto la película..o no, pero la escena del “hazlo bien!” si que la recuerdo.

    Y la voz de Gordy, que me recuerda tanto a las amistades de la edad … Sloth, Gordy…Los Goonies!

  11. Veo que la calidad de los artículos en los últimos días está en su punto álgido, de lo más divertido que he podido leer por aquí, felicidades.

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