Memoria Analógica #7: Juegos de Guerra

 

-“¿Me quieres decir por qué tienes que ir siempre cargado como un burro?”
-“Por naaaaada”

 

Pero la pregunta reincidente de mi madre, cada vez que llego de visita con mi mochila a la espalda, tiene una respuesta, claro. El hecho de pasear por el mundo llevando una buena provisión de cacharritos y cables “por si me hicieran falta” no es casual. El gusto por las máquinas y la insaciable curiosidad sobre su funcionamiento se remonta a hace ya casi 30 años y tiene como protagonistas a un ordenador de 128 Kilobytes de memoria, a una linea de código escrita en BASIC y a una película sobre guerras mundiales que empiezan por culpa de un chaval de 13 años jugando con su computadora. Aunque todo eso, claro está, es algo difícil de explicar a una madre, cuya mayor preocupación es que no nos duela la espalda, que no dejemos nada en el plato y que nos pongamos una Rebequita “por si luego refresca”.

La historia, por si queréis conocerla, comenzó el 6 de enero de 1989, una mañana de Reyes…

Ya no puedo recordar la de veces que había pegado la cara al escaparate de la tienda del barrio donde se exhibía el tan esperado regalo. Cada vez que iba a por el pan. Cada vez que me escapaba a los recreativos. Cada vez que salía a jugar. Allí que terminaba, tratando de distinguir, a pesar del dificilísimo ángulo de visión, desde el exterior de la tienda, la parte trasera de la caja que contenía mi ansiado “Sinclair ZX Spectrum +2A“. Spectrum que, dicho sea de paso, no venía solo. Sino que formaba parte de un pack que incluía los siguientes juegazos:

Phantomas (ovación)
Phantomas 2 (otra ovación)
Camelot Warrios (gritos de júbilo)
Army Moves (pasión desbordada)
Game Over (desmayos en la sala)

 

Chico, es ver esta imagen y se me saltan las lagrimas ¡Sniff!

 

La lucha por conseguir ese ordenador la recuerdo como una de las más encarnizadas de mi infancia. No fue fácil, no. Lo primero porque el único realmente interesado era yo, bueno, y el peque, pero ese aun no tenía edad para opinar. Así que, por un lado tenía que convencer a mis padres para gastarse la friolera de 30000 pesetazas y, por otro, intentar que mis hermanas no aplicaran el derecho a veto que les correspondía como parte integrante de la unidad familiar y futuras beneficiarias, en régimen de usufructo, del mencionado cacharro. Tarea esta, la de evitar el veto, harto difícil, ya que mis relaciones fraternales por aquel entonces no pasaban por su mejor momento. No hay que olvidar que, para la mayor, yo era el “coñazo del niño”, el que le fastidiaba los planes cinematográficos en casa de la vecina y, para la menor, era la victima perfecta para practicar su juego favorito, el “Verás como te pegan”. Fantástico divertimento consistente en venir a donde yo estuviera, tranquilamente, leyendo mis cómics, mirarme desafiante y, tras el consabido “verás como te pegan” empezar a llorar como una descosida para hacer acudir a mi madre, zapatilla en ristre, la cual, pasándose la presunción de inocencia por el arco de los caprichos, tenía a bien calentarme el culo por haberle pegado a la “pobre de la niña”. Para hacer honor a la verdad, he de decir que, ya que los azotes me los daban sí o sí, yo acabe adquiriendo la simpática costumbre de patear a mi hermanita cada vez que osaba a aparecer en mi entorno.

Pero al final se consiguió. No recuerdo, o no quiero recordar, las concesiones que tuve que hacer ante el dúo de tiranas, los sacrificios posteriores, las humillaciones varias. Pero ese 6 de enero de 1987, después de lo que recuerdo como una auténtica eternidad deseándolo, allí estaba. Esperando en la semioscuridad del salón, al lado de mi zapato y junto a una bolsa de chocolatinas y caramelos: ¡mi propio ordenador!

El momento de sacarlo de la caja, conectarlo a la tele (la única de la casa, claro, conceptos como “la tele de tu cuarto” o “la tele de la cocina” son, al menos en mi caso, muy posteriores a la década de los 80) y observar emocionado como no pasaba absolutamente nada han quedado grabados en mi memoria para siempre. La sensación de toda la familia mirando, esperando ver materializarse ante ellos el milagro de la informática y, sobre todo, el hecho de que era de mí de donde esperaban ver llegar ese milagro no puede ser olvidado con facilidad.

Es curioso, cualquier aparato eléctrico o electrónico que llegaba a mi casa tenía que pasar, inexorablemente, por las manos del cabeza de familia antes de que se nos permitiera siquiera mirarlo.

 

-“¡Ni se te ocurra tocarlo que vale mucho dinero! Espera a que llegue tu padre”.

 

Sin embargo en el caso del ordenador parecía existir un acuerdo tácito.

 

-“Eso es cosa del niño”

 

Ni siquiera mis hermanas osaron manosearlo. Estaban todos allí, simplemente mirando, a la espera de que yo les enseñara para que servía el nuevo “electrodoméstico”. ¡Nunca me había sentido más importante!

El caso es que tarde un par de horas en sintonizar el canal apropiado en la televisión y en poder ver la que, con el tiempo, llegaría a ser tan familiar imagen.

 

¡Esto si que es un entorno intuitivo!

 

Tras eso, una lectura apresurada a las primeras páginas del manual y una simple línea de código tecleada con torpeza:

 

10 print “hola mundo” <enter>

 

Para ese entonces, la familia al completo, olvidada ya la curiosidad que había despertado el nuevo cacharro de su hijo el “raro” metía prisa para ir a comer al restaurante, continuando así las celebraciones propias de un día de reyes. Mientras tanto, yo, observaba, estupefacto, como “automagicamente” ese “print” que yo había escrito se convertía, por obra y gracia del arte de la computación en “PRINT”, 5 letras mayúsculas que me engancharon para siempre al mundo de los ordenadores. Quizás parezca exagerado, lo sé, pero hacía bien poco que yo había visto “Juegos de Guerra” y, al observar cómo, ante mis ojos, el ordenador cobraba vida. Al darme cuenta de que entendía mis instrucciones, que esperaba mis órdenes. Yo ya me veía como Matthew Broderick, provocando una guerra, hackeando los ordenadores del NORAD, cambiando mis notas y, cómo no, ligándome a la chica.

Fueron muchas las horas que, después de ese día, pase con mi querido Speccy. Infinidad la de programas en BASIC que salieron de mi calenturienta imaginación. Innumerables los juegos que, tras el “chirriante” proceso de carga, me sumergieron en un sinfín de aventuras inolvidables.

 

Y, por supuesto, también fueron muchas las veces que, después de esa mañana de Reyes y, sintiéndome ya, en igualdad de condiciones con su protagonista (yo también tenía un ordenador, también sabía llamar gratis de una cabina y también programaba) volví a ver,

 

La Película

Estrenada en 1983, “Juegos de guerra” ha llegado a ser, por derecho propio, todo un clásico del cine de entretenimiento actual. Supo aunar como pocas toda una corriente de tendencias cinematográficas, estilísticas y sociales en un producto que, no podía ser de otra manera, fue un rotundo éxito comercial.

La de los 80 fue la década del cine por y para adolescentes, fue la década de Reagan y de la guerra fría, fue la década del nacimiento de la informática de consumo, de los videojuegos como fenómeno de masas. En una época así, la historia de David, un Hacker adolescente, que, casi sin querer, se conecta al sistema de defensa de los EEUU y está a punto de provocar el estallido de la tercera guerra mundial, tenía que ser del gusto del gran público.

Del director, reparto y equipo técnico solo se pueden decir cosas buenas. Se trata de un buen grupo de profesionales que contando, como es el caso, con un presupuesto generoso, tenían que parir una película estupenda, claro.

John Badhan, el que llevaba la batuta, se encontraba en su mejor momento profesional, disfrutaba de un merecido reconocimiento después del éxito de “Fiebre de Sábado Noche” y en la década de los ochenta y primeros noventa nos regalaría un buen puñado de títulos más que disfrutables: El Trueno Azul, Cortocircuito o Dos Pájaros a Tiro, por reseñar las más conocidas.

Matthew Broderick, el protagonista principal, siempre ha sido un buen actor de comedia Y esta fue la película que lo lanzó a la fama.

Ally Sheedy, una actriz por la que siento una especial debilidad, está aquí más encantadora que nunca.

 

¿A que hacen buena pareja?

 

En general el reparto cumple sobradamente con lo que se podía esperar de ellos, con una espantosa excepción, me temo. John Wood, el actor que interpreta al profesor Falken esta sencillamente horrible, pero eso va en gustos, claro.

Sin duda esta película fue, para el que suscribe, mágica. Al margen de la trama, de la aventura que corría su protagonista, lo que más me maravillaba era todo ese nuevo mundo en el que se apoyaba la historia. Esos ordenadores que hablaban, que se comunicaban entre ellos, que tomaban decisiones. Esas inteligencias artificiales que obedecían (o no) a unos simples comandos tecleados en un terminal. Todo eso me impacto profundamente pero, en este punto, entramos ya de lleno en el campo de:

 

Mis Recuerdos

Una vez más tendremos que hacer el esfuerzo de situarnos en el contexto. Hoy en día resulta difícil concebir el mundo sin ordenadores, sin internet. Millones de microprocesadores nos rodean por todos lados, integrados en cualquier elemento que forme parte de nuestro quehacer diario. En los coches, en los televisores, los cajeros automáticos, los móviles, las cámaras de fotos…Prácticamente todo esta, actualmente, conectado a la red de redes y, al margen de nuestros conocimientos técnicos, a nadie sorprende que una imagen que sea capturada aquí mismo puede ser vista, potencialmente, en todo el resto el mundo en cuestión de minutos, sino segundos.

Pero a principios de los ochenta los ordenadores eran, como poco, misteriosos y cualquiera que los manejara con cierta soltura adquiría rápidamente el estatus de “genio”.

Una cosa eran los juegos, claro, cualquiera sabía escribir LOAD “” y pulsar ENTER, la maestría en ese campo era tan respetada en casa como en los salones recreativos. Un tío capaz de pasarse el “Abu Simbel” era un maestro, uno que supiera cómo se controlaba el “Uchi Mata” era un dios. Pero dar el siguiente paso, enfrentarse al intérprete de BASIC y “programar”, eso eran palabras mayores, eso provocaba reacciones que iban de la incredulidad a la estupefacción. Todos jugábamos, si, pero solo unos pocos creábamos nuestros propios juegos.

Una película como esta, que presentaba al “loco de los ordenadores” como el auténtico héroe de la función, molaba, y mucho. El estereotipo de friki, personaje gordo y tímido, encerrado en su cuarto, extremadamente inteligente pero con gravísimos problemas de socialización llegaría mucho mas tarde. Sería ya bien entrado los 90 cuando el cine empezaría a mostrar a los “Geeks” de esa manera. Hasta entonces, los ordenadores eran la nueva “magia” de las pelis de fantasía y quienes los controlaban, los nuevos “hechiceros”.

 

¡Yo soy el ÚNICO hechicero! ¡Grrrrrrrr!

 

Esta película fue tema de conversación en patios de colegios, descampados donde se jugaba al trompo y a las “chapas” y, por supuesto, en salones recreativos. Hubo otras, claro, en “Tron” el protagonista era desintegrado e introducido en el interior de la computadora, en “Superman 3”, Richard Prior, con sus vastísimos conocimientos adquiridos al trabajar introduciendo datos en una oficina, se las apañaba, financiado por el malvado Lex Luthor, para construir la máquina de guerra definitiva, capaz de poner en jaque al mismísimo “Hombre de Acero” e incluso, un par de años después, en “La Mujer Explosiva”, gracias a un ordenador, los dos protagonistas conseguían materializar a la mismísima Kelly LeBrook la cual, para más inri tenía, incluso, poderes mágicos. Varias películas cuyo argumento giraba en torno a los ordenadores o que, simplemente utilizaban las nuevas tecnologías como detonante de la acción. Sin embargo “Juegos de Guerra” era diferente, y lo era porque parecía real. La tecnología usada, la situación planteada resultaba, a nuestros ojos, perfectamente posible.

En los patios, en los descampados, en los recreativos, se hablaba de esta película, y la conversación solía terminar con la obligada pregunta al gurú del Spectrum, ese mismo que te pasaba la copia del Knight Lore con el cargador modificado y ya con vidas infinitas: “Pero… ¿eso se puede hacer con un ordenador?”.Y claro, antes de responder el chaval se lo pensaba, miraba a lado y lado asegurándose de que ningún adulto estuviera a la escucha para, finalmente, contestar: “Por supuesto que se puede, si sabes cómo…”

En fin, el caso es que los años han pasado, por la peli y por nosotros, y ahora que las computadoras han perdido ese halo misterioso que una vez tuvieron. Ahora que la informática ha dejado de ser ese “arte oscuro” capaz de lograrlo prácticamente todo con tan solo aporrear unas cuantas teclas llega el momento de preguntarse, a esta película,

 

¿Cómo le han sentado los años?

¡Genial! Le han sentado de muerte. Y es que en esta película podemos ver algo que, afortunadamente, abundaba años atrás y que, por desgracia, cada vez es más difícil encontrar en una sala de cine, y ese algo no es más que “oficio”, saber hacer, saber contar. Dedicarse a narrar una historia creíble y bien estructurada y alejarse un poco de “experimentos visuales” y de “divismos” de directores mediocres.

Vista hoy, “Juegos de Guerra” es una película solida, con un guión bien construido en el que se aprecia gusto por el detalle, unas interpretaciones más que correctas, una banda sonora pegadiza, atemporal y muy apropiada y una dirección firme. Elementos todos que no la convierten en ninguna obra maestra, pero que la hacen perfectamente disfrutable para el espectador actual, así como lo fue para el de hace unos años.

No deja de ser cierto que la tecnología que se muestra está totalmente obsoleta, sin embargo las ideas, el planteamiento argumental sigue siendo perfectamente válido. Si sustituimos el IMSAI que David tiene en su cuarto por cualquier ordenador compatible de hoy en día la película podría haber sido rodada este mismo año, y eso dice mucho a su favor.

Por si fuera poco, nos seguiremos encontrando con uno de los retratos más creíbles de un Hacker que Hollywood nos haya ofrecido nunca. Lejos de las fantasías cinematográficas que nos muestran al informático como un semidiós capaz él solito de provocar un caos mundial, de desviar satélites o de asaltar bancos, con tan solo la ayuda de un teléfono móvil y un teclado bluetooth. El David de “Juegos de Guerra” sigue siendo, en el contexto de la historia que se nos cuenta, perfectamente creíble, perfectamente humano.

 

Esta hacker tambien se ve bastante “humana”, je, je.

 

Del mismo modo, esta película, sigue siendo, a pesar de los años, un fantástico divertimento de primera línea. Si la recordáis con cariño, no os arrepentiréis de volver a verla.

 

Y eso es todo, id preparándoos para el próximo artículo, la primera película española en “Memoria Analógica”, donde nos encontraremos con las aventuras de “cinco niños maravillosos y un perro encantador”. Ya sabéis:

“Próximamente, en vuestro videoclub más cercano”

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Acerca de logaran

Aficionado a todo menos al fútbol y a los toros. Friki convencido y a mucha honra. Estoy más que preparado para un apocalipsis zombi... Web | Twitter | Facebook | Google+
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16 respuestas a Memoria Analógica #7: Juegos de Guerra

  1. Qué grande Logaran, empiezas a leer esos recuerdos spectrumeros y hasta te olvidas de que se estaba hablando de la película. Buena entrada para empezar el año 😉

  2. Que recuerdos. En mi caso cambia el spectrum por un cpc (472, que ya puestos a ser raros…) y la suerte de no tener con quien pelearme para conseguirlo (mi hermana vino más tarde :D).
    Por supuesto los vhs de juegos de guerra y tron estan muy gastados ya (reemplazados ahora por los correspondientes dvd) pero aun los conservo por algún rincón.
    Aquel cpc terminó perdido después de pasar por manos de mis primos, cosa de la que me arrepiento mucho, pero este año me he regalado un 6128 para compensarlo (monitor de fósforo verde incluido :D).

    Feliz año!

  3. genial articulo Logaran, la primera parte me ha enganchado irremediablemente hasta el final del articulo xD, tengo que verme esta pelicula, ya que amo el cine ochentero y jamas la vi, aunque es muy famosa =P

    Ha seguir asi y un abrazo 😛

  4. Menudos recuerdos, tú sí que sabes como enganchar para obligar al lector a leer todo hasta el final. Y encima que quede satisfecho y se sienta identificado.

  5. Yo nunca he visto Juegos de guerra.De hecho, tampoco tengo interes en verla,. Hala, ya podeis apedrearme. 😉

  6. pues si no la has visto tu te lo pierdes ya que como comentan el resto es una peli estupenda, por cierto coincido cien por cien en lo de que ha envejecido muy bien, y es que es cierto que si reemplazamos el imsai por un pc al uso no desentonaria de la actualidad

  7. Deka Black dijo:
    Yo nunca he visto Juegos de guerra.De hecho, tampoco tengo interes en verla,. Hala, ya podeis apedrearme. 😉

    Hombre, apedrearte me parece excesivo. Pero un par de buenas hostias si que te daba :p
    Ya en serio, deberías darle una oportunidad pues es una película realmente divertida.
    En cualquier caso, gracias por los comentarios, compañeros, me alegro de que os haya gustado 😀

  8. Genial artículo Logaran!

    Desde luego me visto a mi mismo en la parte donde describes cuando te regalaron el Spectrum. Tras meses y meses de darle la brasa a mis padres, cuando me lo regalaron, era como entrar en un mundo nuevo.
    La peli genial, y como bien dices, a aguantado muy bien el paso del tiempo. Eso si, cambiando por completo la perspectiva, de crío al verla era como viajar al futuro, y ahora, es viajar al pasado, con ese aire retro que tiene. Como pasan los años….

    Deka, intenta darle una oportunidad, merece mucho la pena.

    Y a ti Logaran, lo dicho, enhorabuena por este genial artículo

  9. Grande Logaran como de costumbre. La película es importante verla, además creo que se habló de ella en un Fase Bonus de hace mil oigual me estoy meando fuera 😳

  10. Uffff, la de recuerdos que me han venido a la cabeza al leerte Logaran

  11. corriendo un tupdo velo por la parte de “tirana” que me corresponde la descripción a la adquisicion del spectrum es real como la vida misma, ese salón en penumbra, esa caja al lado del zapato…como si fuese ayer. La peli aun la recuerdo, siempre quitandole el polvo a la tele…pero la recuerdo. Volver a la infancia siempre es agradable…

  12. Aqui la que decia…¡¡verás como te pegan!! no ha llovido nada desde entonces, pero la verdad es que todo lo que describes en tu relato te devuelve por un momento a aquellos maravillosos años. Sin duda ¡mi hermano es un genio! :sigh:

  13. Un artículo interesante y entretenido. Sobre todo su primera parte, que hace olvidar el motivo del mismo, es decir , la película en sí.

    Aunque la historia sobre la adquisición de mi [b]Spectrum +2 [/b]fue algo diferente a la tuya, me siento identificado con muchas de las cosas que cuentas. En mi caso, mi padre estaba tanto o más interesado que nosotros en el ordenador, pero el precio era excesivo para la economía familiar. Y creeme que sufrí de lo lindo hasta que llegó el día en que mi padre pudo comprarlo, no sin ciertas anécdotas a la hora de conectarlo todo debido a la ignorancia.

    ¿Quién no lo pasaba mal hasta que sus padres decidían que lo que había en la tele no les interesaba y al fin tú ya podías conectar tu Spectrum a la televisión del salón? Ay qué tiempos.

    Sobre la peli, pues sí, tienes razón en que ponía la informática a la altura de la pura magia y que tenía ese halo que hoy ya no tiene. Películas como esa hacía que nosotros siendo niños tuviéramos la sensación de que programando ordenadores seríamos algo grande en la vida, y que si aprendíamos [b]BASIC[/b] poco a poco y luego pasabamos a aprender [b]ENSAMBLADOR[/b] seríamos reputados programadores de[b] VIDEOJUEGOS[/b] para computadora. En fin…

    Hasta la próxima memoria analógica. Y [b]LOGARAN[/b], no dejes de aderezarlo todo con una buena ración de pura nostalgia.

    Saludos!!!!

    [b]Hoz3[/b]

  14. Me ha encantado toda la parte del artículo en el que narras tus peripecias de pequeño, consigues transportarnos de inmediato hasta aquellos años. Solo echo en falta hablar un pelin más sobre la película.

    PD: con esta película me enamoré perdidamente de Ally Sheedy, así que espero que nadie se ponga a buscar fotos actuales de ella como con Mcguiver 😛

  15. Magnifico artículo as usual… :adorar: :adorar:
    Eso si, el MSX era mejor!!! :-* :-* :-*

    Recuerdos a Joshua!!
    Un abrazo!!!
    Er Domi
    PD: Moni, ¿como podías ser tan mala?? 😛

  16. Esta es una de las peliculas que me ayudaron a engancharme a computadoras y otros cachibaches. Ala ordenadores que hablan y se comunican entre ellos! !!. Todavia recuerdo que mi spectrum tenia una aventura conversacional con voz sintetica ridicula… el primer lokendo?

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