Streets of Rage: La ciudad es un hervidero de bandas

 

La ciudad es un hervidero de bandas, de salvajes que patrullan las calles con total impunidad. La policía esta desbordada y el ciudadano de a pie se ha convertido en una simple presa de estos grupos de delincuentes liderados por un misterioso jefe, llamémosle Mr. X. La situación, amigos, es delicada, y sólo hay una manera de arreglarla: a puñetazo limpio.

 

Ya corrían un par de años desde que SEGA lanzara su consola de 16 bits pero fue en 1991, ante la inminente salida de Super Nintendo, cuando daría un definitivo golpe en la mesa para poner las cosas en su sitio sacando algunos de los títulos que la convertirían en líder de ventas. Quizá el más importante de ellos fue Sonic, pero sin duda este Streets of Rage fue un reclamo más adulto para que muchos jugadores que considerasen al azulado puercoespín algo infantil se decidieran a dar el salto de los 8 a los 16bits y así saciar su sed de peleas callejeras que títulos como “Double Dragon” y “Final Fight” habían despertado.

 

Adam dispuesto a pacificar las calles.

 

Como estos dos títulos anteriormente mencionados, Streets of Rage es un “yo contra el barrio”, para la ocasión con una marcada estética ciberpunk, con escenarios llenos de claroscuros, de sombras recortadas en neón y calles desoladas. Recuerda en ocasiones a la película de culto “The Warriors”, desmarcándose de la estética más pop y colorida que otros congéneres mostraban en pantalla; las secuelas perdieron un poco el estilo sombrío de esta primera. Pero por siniestros y peligrosos que sean los escenarios siempre encontramos protagonistas capaces de jugarse sus vidas en ellos.

 

Tres son los valientes decididos a salir a la calle a patear todos los culos que salgan a su paso y que tanto por sus características como por sus nombres parecen salidos de una máquina de crear personajes a base de mezclar tópicos. Contamos con Axel Stone, Blaze Fielding y Adam Hunter, vamos, el rubio, la chica y el fuertote. El guión parece hecho con el mismo cacharro y es un simple trámite para dar paso a la acción y al reparto de cera que es de lo que trata la cosa.

 

Los tres protagonstas y sus particulares hobbys.

 

Para ello los personajes tenían una misma base de movimientos con variaciones en algunas técnicas de agarre o el alcance de los golpes, así como la potencia y velocidad. Nos bastábamos con dos botones para ejecutar todos los ataques que teníamos disponibles, que no eran pocos. Incluso contábamos la posibilidad de movimientos combinados en los que uno de los jugadores agarraba al otro y lo lanzaba hacia los enemigos causando estragos en su energía, que no en su barra pues en esta primera parte sólo los enemigos finales contaban con contador de vida. Con un tercer botón podíamos pedir la asistencia de un coche patrulla, que armado con diferentes tipos de munición dependiendo del personaje que los hubiera convocado, lanzaban una andanada que acababa con todos los enemigos en pantalla, o al menos los tumbaba permitiéndonos salir de situaciones comprometidas. Este ataque especial es un rasgo claramente distintivo de arcade de Sega y muchos éxitos de la compañía como  Golden Axe o Shinobi contaban con acciones similares. Su uso daba un toque de espectacularidad pero tenía la contrapartida de detener la acción y cortando el ritmo de la fase, quizá por eso mismo fue suprimido en las secuelas.

 

Gráficamente es notable, los sprites de los personajes protagonistas sin ser enormes si tienen un tamaño considerable. Movimientos correctos y animaciones fluidas que se volvían algo, bastante, toscas cuando se trataba de los enemigos. Para la escasa variedad que presentan podrían haberse esmerado más en ellos. Los escenarios por los que se desarrollaba la acción ofrecían hermosas vistas videojueguiles. Además de vistosos eran variados y con múltiples planos de scroll y algún elemento que hacía que cambiase ligeramente el gameplay, como un ascensor o agujeros en el suelo donde lanzar a los enemigos. En nuestro periplo pasábamos  por las calles comerciales, la playa, un barco y el mismísimo edificio de Mr. X entre otros lugares. Todo ello se movía gracias a la utilización de una versión mejorada del motor de Golden Axe de consolas.

 

Streets of Rage contaba con magnificos escenarios y multiples planos de scroll.

 

El apartado visual estaba a gran altura pero es en el sonoro donde despunta.  Yuzo Koshiro realiza uno de sus mejores trabajos en las melodías con unos ritmos electrónicos memorables en un chip de Mega Drive tan objetivamente inferior al de sus competidoras directas pero capaz de mirarles a la cara a base de genio y trabajo. Tan ardua debió de ser la labor musical que, para ahorrar faena en los efectos, numerosos fx fueron cogidos con descaro de los creados para “The Revenge of Shinobi”, su anterior trabajo.

Como ya hemos comentado Streets of Rage era un Beat’em up en toda regla, es decir todo consiste en atizar a todo lo que se te pone por delante. Seguía las pautas de los clásicos e incluso su lógica absurda. Si atacábamos por ejemplo una cabina de teléfono esta desaparecía entre parpadeos para dejarnos algún ítem que aumentase nuestra energía o puntuación final. Existía también la posibilidad de recoger armas tanto de las partes destructibles de los escenarios como de los enemigos que las llevaban. Si cualquiera de los protagonistas ya era temible para los rufianes callejeros armados con una tubería era una autentica pesadilla. Los niveles nos proporcionaban horda tras horda de rivales que culminaban con la aparición de un enemigo final o dos si jugábamos con otro jugador.

 

Axel, tubería en mano, dispuesto a repartir justicia.

 

Precisamente esas partidas dobles eran el corazón jugable del título y cuando la mecánica cobra realmente sentido. Con otro jugador a los mandos de un segundo pad la experiencia de patrullar las calles en la sistemática eliminación de delincuentes a base de mamporros se transforma en una experiencia increíblemente gratificante.  Esto convierte en incomprensible la decisión de quitar esta opción cuando fue porteado a Master System, podrían haber eliminado cualquier cosa, pero quitar la opción de dos jugadores simultáneos es una mutilación que dejaba impedida la jugabilidad del título. Aunque también es cierto que teníamos que andarnos con cuidado pues si golpeábamos por error –o no- al otro jugador, le restábamos energía, cosa que en ocasiones desembocaba en peleas fratricidas ante unos estupefactos enemigos que se miraban entre ellos encogiendo los hombros.

 

Doble jugador, doble enemigo final.

 

Tan robusto y jugable es la mecánica que el desarrollo, a pesar de no contar con ninguna fase de bonus, no llega a hacerse monótono, ni siquiera por el hecho de que los enemigos, que si bien si no escasean en número si lo hacen en cuanto a variedad, se reciclan una y otra vez con diferentes colores. Ni siquiera los jefes finales se libran del ciclo de reciclado, algunos tendremos que derrotarlos al menos en tres ocasiones.

 

Sin duda nos encontramos ante un juego pensado para ser disfrutado en casa mediante el uso de la poderosa Mega Drive. Prueba de ello es su curva de dificultad tan alejada de la frustración arcade que aplastaba al jugador y hacía que viese la pantalla de Game Over cuando todavía resonaba en sus oídos el campanilleo de insertar la moneda de crédito. Incluso yo diría que además de baja estaba mal regulada, durante todas las fases sólo subía ligerísimamente y sólo en la última es cuando se  disparaba la dificultad. No obstante tiene ciertas rémoras arcades de las que se podría haber desprendido al tratarse de un producto no destinado a los bares y salones de juego, como los continues, totalmente innecesarios, o el tiempo máximo para superar cada fase. La longitud total pasando por todos los niveles tiene una extensión adecuada para un juego que no tenía posibilidad de guardar y que en sus secuelas se hinchó para dar lugar a partidas maratonianas que ocupaban tardes enteras si querías llegar a las fases finales. Aquí encontró su justa medida.

 

Último nivel, donde deberíamos tomar una elección que afectaría el final del juego.

 

Streets of Rage es en definitiva un “yo contra el barrio” de pura cepa, la unidad Seguera de medir lomos, todo un pura raza capaz de arreglar cualquier tarde muerta con sus partidas a dobles por más veces que lo hubieras terminado en el pasado. Copia con descaro a los padres del género, es decir Renegade, Double Dragon y Final Fight y sigue el recto camino que estos títulos marcaron. No intenta innovar en casi nada, pero no es su intención ser un título rompedor de ideas sino de caras pixeladas de punks. Un básico que toda consola debería tener como fondo de armario. Un clásico atemporal que dio un paso más en el ascenso de la SEGA Mega Drive a la categoría de consola de culto. En demasiadas ocasiones se minusvalora la aportación de esta primera entrega quedando relegada a simple papel de hermano menor y a la sombra de la segunda y tercera parte, especialmente de la segunda, cuando por si mismo era una experiencia lúdica nada despreciable.

 

Portada de Final Fight 2 que copia sin compasión elementos de las cubiertas de Streets of Rage 1 y 2.

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15 respuestas a Streets of Rage: La ciudad es un hervidero de bandas

  1. Buen repaso Falsworth para el que para mí fue un juego clave del catálogo de Mega Drive. Una pena que quedara un poquito en el olvido al salir la segunda parte, que era cremita. Y de paso revindicar que el tercer Streets of Rage no apesta tanto como dicen, especialmente en su versión original japonesa. Tiene sus cosas pero mola :\

  2. Name: Blaze Fielding

    History: ex-cop

    Hobby: LAMBADA!

  3. Menudo juegazo, yo lo tenía en el cartucho de Megagames que venía junto a Shinobi y al Golden Axe, que pedazo de cartucho…

  4. otro como Daball que lo tiene oro en paño en el cartucho megagames, era el juego idoneo para juagr con otro jugador y me pase muchas tardes de vicios con este cartucho, son 3 juegazos como la copa de un pino xD

  5. Lo de Master aun no lo entiendo,pero hicieron lo mismo con Golden Axe,malas decisiones.Este juego de todas formas tiene un record en partidas despues del cole con los amigos.Me ha gustado mucho la comparacion con “The Warriors”muy acertada!

    Muy buen repaso a este pedachoooo de juego!!!

  6. Pedazo de juego y de articulo,a ver si me lo pillo en la store de apple…asi tengo todas las versiones jajajaj

  7. ¡¡ Muy buen artículo !! Mítico el Street of Rage. Yo no tuve la Mega Drive, pero en casa de unos amigos cada finde caían unas partidas, y éste es uno de los juegos a los que más caña le dimos.

  8. ¡¡ Muy buen artículo !! Mítico el Street of Rage. Yo no tuve la Mega Drive, pero en casa de unos amigos cada finde caían unas partidas, y éste es uno de los juegos a los que más caña le dimos.

  9. Vicio puro y duro. Yo siempre me quedé con ganas de ver alguna recreativa con este SoR, creo que se hizo un port para arcade pero jamás lo caté :forever:

  10. Streets of rage arcade? Eso no lo he visto yo :S

  11. Streets of Rage llegó a salir en arcade pero en formato de placa Mega Tech. Con ellas se podía jugar a vario títulos de Megadrive y en vez de vidas cada crédito nos daba un tiempo, un minuto creo. Incluso podíamos cambiar de juego en ese tiempo.

    Yo nunca llegue a jugar a ninguna, en cambio sí lo hice con el Playerchoice-10 de Nintendo, que permitía lo mismo con 10 juegos de NES.

  12. Muy buen artículo Falsworth, para un juego de culto como este. La cantidad de partidas que jugué de pequeño y otras tantas no siendo tan pequeño 🙂 Uno de mis preferidos de megadrive sin duda alguna.

  13. Fue un gran juego, sin duda. Buen artículo Falsworth.

  14. Streets of Rage recogió el testigo de Double Dragon y Final Fight de manera muy digna, buen artículo.

  15. De este juego nunca se cansa uno de hablar. Pedazo de repaso Falsworth.

    Uno de los grande de SEGA. Divertido como el que más y con un apartado sonoro que aún a día de hoy sigue mostrando que Yuzo Koshiro es el amo.

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