Pixels en el camino #1: ¿Donde está la maldita escalera?

Los años vuelan. El tiempo pasa cada vez más rápido y casi sin darnos cuenta. “Parece que fue ayer” es una frase a la que empezamos a verle el sentido cuando pasamos de los 30.

Uno, que es un filósofo de horas perdidas en embotellamientos de tráfico (o, si se prefiere, un pensador de chichinabo), tiene una teoría que explica esa continua aceleración temporal. Una teoría a la que llamo “de las piedras en el camino”. Y sí, tal y como os teméis, pienso exponerla aquí a modo de presentación.

Ahora lo veo claro, ¡Dios ha muerto!

En la vida de cada persona hay momentos que quedan marcados. Situaciones de tal intensidad emocional, física o intelectual que nos dejan una huella. No hablamos, necesariamente, de momentos épicos o de grandes dramas. Puede ser la situación más insignificante del mundo pero, por un motivo u otro, dejan su impronta en nuestra memoria. Constituyen una piedra (un hito, si se prefiere) en el camino de nuestra vida.

En esos primeros años, cuando somos niños, casi cualquier cosa deja su huella en nuestra mente. ¡Todo es nuevo, fascinante y mágico! Según vamos avanzando se siguen sucediendo esos momentos, aunque ya ligeramente más espaciados: Un regalo de reyes, una película sorprendente, un juego que nos engancha, una caída de la bici, un profe que nos tiene manía, un libro que nos atrapa, un suspenso, una niña que nos pone ojitos, un beso, una borrachera…

Esshhhto no lo voy a olvidarrrrr ¡Nunca!

Sin embargo, el tiempo va pasando y, las situaciones vividas, son cada vez menos “originales”. Cada vez son menos los momentos dignos de recordar. Lo común es que, estos, hayan sido sustituidos por una rutina asfixiante. Una sucesión de momentos anodinos que hacen difícil distinguir un día de otro. Si imaginamos cada uno de esos momentos “especiales “, como una piedra que hemos dejado en nuestro camino. Es posible que, al mirar atrás, veamos que la primera de ellas está situada a bastantes años de distancia. Y que pensemos: “¡joder! si parece que fue ayer”.

Por el contrario, si miramos aún más atrás, nuestras piedras estarán más próximas. Un rosario interminable de momentos que, por el motivo que sea, han quedado en nuestra memoria. Son tantas que incluso se amontonan, unas sobre otras, en esos días en que todo era nuevo, fascinante y único.

Es por eso que, pasados los 30, el tiempo parece volar. No tenemos puntos de referencia. No hemos arrojado las suficientes piedras como para que dibujen nuestro camino y, este, se pierde en un inmenso páramo desolado en el que un día es igual al siguiente.

¡Toma teoría! Y, si os habéis fijado en el título del artículo, os podréis imaginar de qué tipo de piedras os voy a hablar.

Voy a hablar de videojuegos, claro. Esos títulos que me han acompañado en mi experiencia jugona. Buenos y malos, eso da igual. Clasicazos reconocidos internacionalmente o pequeñas joyas ignoradas hasta por la madre del pobre programador que las parió. Aquel Titulazo que me jugué de “pe a pa” hasta desentrañar todos sus secretos ó, ese otro, del que nunca pude superar ni la primera pantalla. Juegos, en definitiva, que, por una u otra causa, han quedado grabados en mi memoria para siempre.

Y, para siempre jamás, recordare el juego “The Goonies II” para mi añorada NES. Pongámonos en situación.

Corría el año 1985 cuando, de la mano de Richard Donner y con producción del maestro Spielberg, se estreno la mejor película de aventuras para adolescentes de todos los tiempos: “Los Goonies”.

Está claro que los 80 fueron una década mágica para este tipo de cine. Nunca antes hubo mayor cantidad de buenas películas de este estilo y nunca más volvería a haberla. Es triste pensar que los chavales de hoy en día, tengan que entretenerse con los largometrajes de Hanna Montana o iCarly mientras que nosotros teníamos: Exploradores, Una Pandilla Alucinante, E.T, Los Bicivoladores, La Puerta, Gremlins… O esta misma que nos ocupa. Es fácil añorar aquel cine infantil/juvenil, que no trataba a la chavalería como a imbéciles profundos.

Las adaptaciones cinematográficas a los ordenadores y consolas de la época estaban a la orden del día. Y, para aquellos que adoramos este film, cualquier cosa con una calavera haciendo el punto de la “I”, se convertía en inmediato objeto de deseo.

He de decir que, en general, no fue una licencia muy maltratada en su paso a aquellas vetustas máquinas de 8 bits. La versión de Spectrum la recuerdo bastante divertida y en el primero que salió para NES. ¡Incluso sonaba la fantástica “Goonies ‘R’ Good Enough”! de la “despeinada” Cindy Lauper.

Y por fin llegó el año 1987 y, con él, “The Goonies II”. El video juego de NES mas frustrante, desesperante, terrorífico y angustioso para este que os escribe. Y la culpa de todo la tubo: ¡Una maldita escalera!

O, más bien, la falta de ella, claro.

¿Estará aquí mi escalera?

Si ahora estáis esperando la típica sección enciclopédica sobre el cartucho. Sus megas y sus chips. Los nombres de sus programadores y músicos. Las copias que se vendieron y las puntuaciones que le dieron. Siento deciros que estáis en el sitio equivocado. Aquí vamos a hablar, principalmente, de recuerdos. Si os aqueja el síndrome del Nº5 y queréis “datos, datos, datos” os invito a dar, antes de seguir, un paseo por imdb y wikipedia. Aclarado esto, continuemos ¿ok?

Lo que sorprende de este juego o, al menos, lo que nos sorprendió en aquellos años, era su originalísimo gameplay. Hasta donde yo sé (que tampoco es demasiado) Este es el único juego de NES que combina plataformas clásicas con exploración en primera persona. La verdad es que resultaba divertidísimo.

¿Y aquí?

Nuestra misión, manejando a Mikey, es liberar al resto de nuestros compañeros y a una sirena (si, una sirena. ¿Qué queréis que os diga? a los de Nintendo siempre les han gustado las sirenas) que han sido secuestrados por los malvados Fratelli.

Básicamente teníamos que ir avanzando por el mapa, evitando a los enemigos y obteniendo diferentes objetos como: llaves, velas, impermeables, un casco de rugby, un boomerang…Es decir, el batiburrillo habitual de cualquier videoaventura al uso. La parte original llegaba cuando atravesabas una puerta. Cambiando entonces a una vista en primera persona desde la que podíamos investigar para encontrar más objetos o interactuar con algunos PNJ. A efectos prácticos, dicha investigación, consistía en pegar martillazos. Había que golpear todas las paredes, el techo y el suelo para ver si se abría algún boquete que nos permitiera acceder a otras zonas del mapeado. Y continuar así, con la búsqueda de nuestros compañeros.

Pero ¡ay, amigo mío! Para atravesar algunos boquetes, fuera de nuestro alcance, necesitábamos: ¡LA PUTA ESCALERA!

Oiga, ¿no habrá visto usted una escalera, no?

Y la buscamos. ¡Sabe Dios que la buscamos!

Durante días, semanas ¡meses incluso! Haciendo turnos, mi hermano y yo. Cada vez que disponíamos de algo de tiempo, colocábamos el cartucho y buscábamos la escalera. Recorrimos el mapeado accesible, hasta ese entonces, mil veces. Entramos en todas y cada una de las habitaciones. Dibujamos nuestro mapa y lo repasábamos día y noche, por ver si se nos había pasado algo. Golpeamos con el dichoso martillito en todas las paredes. Hablamos con todos los PNJ. ¡Incluso golpeamos con el martillo a todos los PNJ!.

Pero no encontramos la escalera.

Y, finalmente, nos rendimos. Hay que entender la tremenda carga dramática que, aún hoy, tiene esa frase para mí. En esos años los juegos se pasaban. No hacerlo era una deshonra.

Ahora, con esas consolas pirateadas y miles de títulos esperando a ser probados. Con ese MAME con sus chorrocientas roms y monedas infinitas…Ahora los juegos se prueban y, a la menor dificultad, se abandonan por otros. Pero entonces no. Entonces éramos auténticos machotes. Hombres de pelo en pecho. Y los juegos se pasaban, si o si.

Ejem… Digamos que algunos juegos no se pasaban.

Como digo, nos rendimos. Lo abandonamos para siempre y jamás quisimos saber nada de él. Pero esa deshonra nos acompañara por el resto de nuestra vida.

Alguna vez he tratado de engañarme a mí mismo. Pensando que, seguramente, nuestra copia del juego tenía algún tipo de error. Solo la nuestra, entre las miles que seguro que se vendieron, tenía una rom corrupta. Pero ni yo me lo creo.

Simplemente, la escalera estaba allí. Escondida en algún recóndito lugar de su mapeado. Un pequeño puñado de pixels que quedaron, para siempre, grabados en mi memoria.

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Acerca de logaran

Aficionado a todo menos al fútbol y a los toros. Friki convencido y a mucha honra. Estoy más que preparado para un apocalipsis zombi... Web | Twitter | Facebook | Google+
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13 respuestas a Pixels en el camino #1: ¿Donde está la maldita escalera?

  1. Madre de Dios, ahora tengo curiosidad por saber dónde estaba la puta escalera.
    Es cierto que con el rollo de los emuladores no es lo mismo. Si un juego no me da buena impresión de primeras pongo otro y palante. En cambio con los cartuchos juego a los que tengo, sean buenos o regulares. Y cuando eres pequeño los exprimes a saco.

  2. Hay que ver cómo exprimíamos los juegos cuándo éramos pequeños. Ahora a la más mínima uno pasa, dos o tres intentos y te agobias. Supongo que ahora tenemos demasiados juegos y demasiado poco tiempo para jugarlos. Buena entrada Logaran.

  3. Hey, yo acabo de enterarme de que había una escalera :D. Es un juego que tengo en mi lista a terminar, siempre me enganchó desde la melodía inicial. Platformer, selección adecuada de armas, para mi un juegazo.

    Buen post.

  4. Bonita historia Logaran. Desde la teoría de las piedras -la cual suscribo completamente- (hay que hacer de cada día algo especial, hasta en las pelis de Disney lo dicen) hasta la frustración por no encontrar la escalerita (por cierto, te veo mal, si necesitas hablar, aquí estamos ;D)
    Con 12 años ahorraba las monedillas de 20 duros que podía para comprarme un juego de SuperNintendo cada 7 o 8 meses. Lo estudiabas bien, mirabas revistas, lo probabas en el centro Mail, mirabas si le hacían un analisis en “VideoXoc”… y luego tanto si habías acertado en la elección como si no, te lo pasabas millones de veces.
    Mi “escalera” partícular fué el último cuarto de corazón del “Zelda: A link to the past” que completaría el número 20 y cuadraría el marcador. Dediqué VERANOS ENTEROS a su búsqueda y jamás lo encontré. Quizás era una señal de que algún día tendría problemas cardíacos… ¡glups! espero que no… xD

  5. Sobre tu argumento/pensamiento de las piedras, es lo que más me ha gustado del artículo. Desde hace varios meses que no paro de recordar cosas de cuando era nano.

    Por una parte tienes razón, la culpa la tiene la rutina diaria. Por otra parte, la culpa es nuestra, por buscar cantidad en lugar de calidad. Por preferir hacer varias cosas distintas a, por ejemplo, tirarse una hora entera en la playa mirando el mar (yo lo hago…). Si ahora buscamos esos pequeños detalles, cada vez más difíciles de encontrar, cuando rondemos los 40 y pico, tendremos esas piedras que ahora nos faltan.

    Por lo que respecta a Los Goonies 2, a mi me pasó algo parecido en el Alex Kidd in High-Tech World, que tenías que encontrar unas 10 partes (creo) de un mapa, y vamos… también recuerdo que había escaleras… jeje. Nunca encontré la última parte del mapa para pasarme la primera pantalla, tuve que usar un truco de la MegaSega.

  6. Yo me pase el Abu Simbel…me hace gracia verlo siempre como ejemplo de juego impasable. ¿Por que no el R.A.M o el Ice Breaker de Topo Soft…o el Ramon Ramirez?

  7. Que si Lograran, que el MSX es mejor que el Spectrum y punto, no insistas xD

  8. Si hombre!!!! ¿Y que me cuentas del scroll del «Génesis» (juegazo, por cierto) para las dos plataformas? Je je

  9. Joder tio. Me encanta cuando te pones en plan nostálgico/filosófico. Al final, lo que menos importa es el juego o pelis comentados, si no esa extraña y triste sensación de que esos tiempos JAMÁS volverán.

  10. @hoz3

    En el caso de la escalera de los Goonies, yo, personalmente, me alegro de que no vuelvan xD

    Aquí el cabrón de Logaran solía obligarme a jugar las partes más tediosas de los juegos, o las pantallas que no podíamos pasarnos, y cuando llegaba a una nueva localización, fase, pantalla, lo que fuera, tenía que esperarlo para jugarla con él.

    Y mientras yo venga a tirar nabos en el Super Mario 2 (no sé como salí heterosexual con tanto nabo como cogí en mi infancia) xDD

  11. El Genesis, uff, tal y como lo compre lo volvi a vender, que decepcion, ademas no tiene ni tecla de pausa el juego, uff, uno esta acostumbrado a lo bueno, Nemesis, Salamander y Zynaps. Es lo que hay.

  12. Vaya, logaran, ¿este texto es íntegro tuyo? Un día tenemos que quedar pa hablar en diresto…
    La teoría de las las piedras cronométricas es la misma que la mía, solo que yo no uso piedras en mi teoría. Desde hace muchos años, 15 ó 20, sé que existe un tiempo “psíquico”, más allá que el físico de Einstein, y que pasa en función de los eventos que recordamos. Efestivamente cuando no hay eventos, pasa el tiempo físico pero no el psíquico, por lo que pasarán los años sin darnos cuén.
    Yo he tenido estos 2 ó 3 años una serie de eventos, buenísimos, que me han hecho confirmar totalmente esto.

    En fins, que tenemos que hablar, jiji.

    ¿Se nota que me ha encantado tu article?

  13. Chicos, gracias por los comentarios 😉

    Bubu, me apunto esa charla. A ver si llega pronto esa «RetroSevilla», que ya hay ganas. El texto si, es mío, aunque la teoría del tiempo Psíquico es algo que me parece tan de cajón que no me extraña que la haya leído/oído en algún momento.

    Maese, no te quejes tanto que, gracias a mis esfuerzos, te has convertido en…en un…bueno, en lo que quiera que te hayas convertido.

    Toni, el Génesis no me parece un mal juego en absoluto. La versión de Spectrum es una delicia. Ahora, el scroll en MSX es terrible. Claro que, de donde no hay no se puede sacar 😛

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