War in Middle Earth: Mi odisea particular

Fue a finales del año 89 cuando el War in Middle Earth cayó en mis manos. Por entonces, a la tierna edad de 12 años, para mí era una novedad el afrontar un juego de estrategia. La única referencia que tenía era alguna reseña en MicroManía y algún anuncio de juegos como Ratas del desierto.

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Lo primero que me llamó la atención fue el manual, bastante más completo de lo habitual, que te introducía brevemente en el universo de Tokien, el cual yo desconocía por completo. También trataba de orientarte en el juego y darte ideas para que consiguieses el objetivo de destruir el anillo único. Recuerdo perfectamente que podías leer que el juego era similar al fútbol americano, tienes muchas unidades pero una es la más importante, la que tiene el anillo.

Evidentemente, no entendía muy bien que un anillo pudiese corromperte, pero yo me dispuse a jugar. Lo primero era el mapa y las unidades. Posando el cursor sobre ellas te daba una descripción de cada una. Así pude ver que tenía a mi disposición elfos, humanos, enanos y un brujo de nombre Gandalf. También vi que quién tenía el anillo era un hobbit de nombre Frodo. Gracias al manual tenía una idea de qué era un hobbit. Justo encima de Frodo y la comunidad del anillo encontrábamos un ser de nombre Gollum, y su raza era… Gollum. ¿Qué cojones era un “gollum”? Eso no venía por ningún lado en el manual.

Bueno, yo a lo mío, un tiempo para ver cómo podía mover mis unidades y empezar la partida… y mi calvario.

Lo primero que noté fue la excesiva lentitud del juego, sobre todo en los combates con muchas unidades, que podían llegar a ser desesperantes. Pero pese a ese problema, el juego me tenía enganchado, y avanzaba en la partida matando orcos por centenares. Todo iba perfecto, tenía localizado el punto de destino: Orodruin, lo que venía a ser el Monte del Destino. Así que casi sin problemas iba avanzando, pese al errático movimiento de algunas de mis tropas, que parecían ir algo bebidas.

“Pues esto parece que está chupado”, pienso para mí. Hasta que el juego me da el mensaje “el anillo corrompe al que lo usa”. No me preocupa en exceso, pero la aparición de un tal Saruman sí que lo hace, acostumbrado como estaba a enfrentarme únicamente a orcos. El muy desgraciado se lleva por delante un buen número de mis hombres, pero finalmente cae. Después aparecen los Nazgul y hasta Sauron, que también dejan sensiblemente diezmadas mis filas, pero acaban mordiendo el polvo. Todo parece ir de cine hasta que en pantalla aparece “Pulsa fuego”. Así lo hago, y me sale una imagen con un fulano riéndose en mi cara, y con mi limitado inglés de entonces apenas entiendo lo que me está contando.

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Tu puta madre, por si acaso

Para más inri, el juego se bloquea y hay que apagar y volver a cargarlo si quieres volver a intentarlo. Vaya si volví a intentarlo, cientos de veces, e hiciese lo que hiciese, siempre me aparecía el fulano ese regodeándose en su victoria. Releí el manual y así vi que con la tecla R podía cambiar al portador del anillo. ¡Ajá, así que era eso, pues ahora sí que sé lo que tengo que hacer! Pero había un problema. En las características de las unidades no parecía haber nada que indicase quien era más resistente al poder del anillo, y al pulsar la tecla R simplemente aparecía una lista con todos los héroes a tu disposición. Así fue como hice la burrada de darle el anillo a Boromir o a Gollum, con lo que la partida la perdía casi automáticamente.

Aún encima, cada vez que cambiaba al portador, salía el mensaje “el anillo se ha perdido”, lo que hacía que pegase un bote en la silla y corriese a buscarlo. “Pero si lo sigue teniendo el mismo…”. Era evidente que la traducción del juego no era excesivamente buena.

Meses pasé tratando de terminarlo, alternando con otros juegos, y no había manera. Usé varias estrategias: mandar a la comunidad al sur, hasta Isengard, para luego encaminarlos hacia el este, cruzar por Moria, salir desde Rivendel hacia el este, o la táctica “49,93”, que consistía en mandar a todas mis unidades a las coordenadas 49ºN 93ºE, para desde allí abordar Mordor desde el norte. Pero el gran problema seguía siendo el portador del anillo, e hiciese lo que hiciese indefectiblemente volvía a salir el mismo fulano riéndose en mi cara. Pese a todo no me rendí y fui apuntando en una libreta cuánto aguantaba cada héroe con el anillo en su poder. Pero algo no cuadraba, porque la duración no parecía ser igual en cada partida, y el otro problema era el movimiento de las tropas, que tendían a desperdigarse. Para solucionar el problema del movimiento traté de darles destinos cortos, pero ni aun así.

En el verano del 90, influenciado por el juego, leí El Señor de los Anillos, y eso al menos me ayudó para saber que el desgraciado que se reía de mí era Sauron. No solo eso, sino que me ayudó a averiguar quién soportaría mejor el poder del anillo, y por añadidura descubrí que la cualidad “valioso” era la que indicaba la resistencia al anillo. Todo indicaba que la traducción la había hecho alguien que no conocía el libro, y que la lengua de Shakespeare no acababa de dominarla tampoco. Así traducía “virtuous” por “valioso”, y Frodo era “muy valioso”. Vamos, que valía un potosí según la traducción, en lugar de decir que era “muy virtuoso”. Además todas tus unidades formaban “una sociedad” en lugar de formar parte de “la comunidad”. La cuestión es que la lectura del libro me había devuelto los ánimos y volví a intentarlo… con los mismos patéticos resultados.

Años más tarde, busqué por Internet información sobre el juego y así descubrí que la versión MSX era exclusiva para España y había sido una conversión de Animagic. Por casualidad, en un foro me encontré con los responsables de la conversión, y les pregunté si había algún fallo en ella y si el juego era posible terminarlo, porque tras chorrocientos intentos la verdad es que lo dudaba. La respuesta que me dieron me dejó muy claro que aquello fue un trabajo rutinario y no le habían prestado especial atención, ya que no recordaban prácticamente nada. Tampoco encontré a nadie que pudiese decir “yo terminé el War in Middle Earth“.

Pero el ultimo Fase Bonus volvió a encender la chispa, sobre todo los comentarios de Ignacio… (perdón, Igancio) sobre el juego, que tenía un amigo que lo había terminado en Spectrum, pero que había algo con lo que tenías que tener mucho cuidado. “Mierda, a ver si va a ser que en la conversión de MSX tocaron algo que no debían y no lo testearon”. Así que me puse con el emulador y volví a cargar el juego. Pese a los años pasados, lo recordaba todo perfectamente, incluso dónde estaban todas mis unidades, hasta los que yo llamaba “los inútiles”.

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¿Y yo qué coño hago con vosotros?

Ahí los tenéis, en el extremo noroeste del mapa, tan lejos de todo que lo más normal es que jamás llegues a usarlos. Únicamente como señuelo, ya que las unidades del enemigo suelen copiar tus destinos, y con eso tienes que jugar. Pero tengo dudas de que a esa panda de inútiles les copie alguien. Bien, tocaba decidir la estrategia, y esta vez tomaría el camino de Moria, para así encontrarme con Celeborn y sus elfos. Como no podía ser menos, a la hora de atravesar Moria son incapaces de seguir el camino trazado y se desvían por las montañas, con la consiguiente pérdida de tiempo.

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El vino que tiene Asunción…

La línea recta, esa gran desconocida… Una vez llegamos a Lorien, el siguiente paso nos llevaría hasta el sur de Dol Guldur, y ahí me doy cuenta de que Gandalf se ha evaporado. ¿Será por ir por Moria? He de suponer que sí, porque vagamente recuerdo que me solía ocurrir en mis partidas. De todas formas continúo y voy viendo los fallos en el sistema de combates. Fallos que todavía guardaba en la memoria como el de “el cámara”, que es cuando en mitad del campo de batalla aparece una unidad aparentemente tuya, que puedes mover y darle órdenes, pero nunca ataca. Se queda estático delante del orco de turno y se dedica a recibir palos. A veces es inmortal, y otras veces lo matan con dos palos, pero por suerte su muerte no cuenta. Supongo que el tío lo que está haciendo es retransmitiendo el combate, de ahí lo del mote de “el cámara”. Otro fallo es el del tío que tiene el “síndrome de la peonza”. Ya sea moviéndolo o atacando con él, el fulano se dedica a dar vueltas sobre sí mismo. Lo bueno es que éste sí que ataca. El último de los bugs es el de “el infiltrado”, una unidad humana que cuando intentas seleccionarla mágicamente se transforma en un orco.

Continúo mi partida y compruebo que Frodo aguanta con el anillo hasta 2-45 (tiempo del juego), y así vuelvo a ver a Sauron riéndose de mí.

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¿Sabes que me tienes hasta los huevos, hermoso?

Aún encima, el juego tiend ea alejar al portador del anillo del resto, por lo que tengo que cargar un savestate anterior (benditos savestates) y tratar de juntar a Frodo con algún otro hobbit para pasarle el anillo. Tras varios intentos consigo pasárselo a Merry y así puedo respirar durante un tiempo. Pero al llegar a 2-46, de nuevo aparece Sauron y yo estoy a punto de tirarme de los pelos con la rabia. Es impsible, le he pasado el anillo en 2-35, solo ha aguantado diez unidades de tiempo, y Frodo aguantaba 105. Un par de intentos más y de nuevo la imagen de Sauron, pero a la tercera, sin tocar nada, mágicamente puedo seguir la partida… o_O

Hostias, pero esto parece aleatorio y me hace recordar que siempre perdía con el segundo portador del anillo. A ver si va a ser que a partir del mensaje de “el anillo corrompe al que lo usa” hay X posibilidades en cada turno de perder la partida. Bueno, la cuestión es que puedo continuar, y así llego hasta las puertas de Mordor, pero la compañía va tan lenta que tardan lo suficiente como para que tenga que pasarle el anillo a Sam, que debería ser el más resistente después de Frodo.

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¿Por qué no habrían inventado ya el coche?

Estoy en 3-07. Merry está con Sam y tengo ocupada Morannon e Isenmouthe. Oficialmente es la vez que más lejos he llegado, pero a partir de aquí estoy a punto de conocer el infierno. Porque cuando antes lo normal era enfrentarse a compañías de orcos de 31 unidades como máximo, a partir de aquí me voy a encontrar hasta con casi 200 orcos a la vez. Bien, tengo camino abierto hasta Isenmouthe, así que hacia allí dirijo a la compañía, con la tranquilidad de saber que ya he derrotado a los nueve Nazguil, a Sauron y a Saruman, por lo que solo deberían quedar orcos. Pero descubro que Sauron reaparece siempre y se convierte en mi mayor preocupación.

Es sábado, y el movimiento se vuelve eterno por la multitud de combates a superar. Aun encima Sam se excede con la hierba de los medianos y abre una nueva senda.

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Si te digo que vayas al este, ¿por qué narices vas al sur, alma de cántaro?

Pero entonces veo el cielo abierto. “A tomar por culo, todos al Monte del Destino”. Aprovecho el movimiento de Sam y termino el sábado a dos pasos literales del Monte del Destino. Lo máximo.

Llega el domingo, pasan los turnos y Sam que no se mueve, aun encima los combates tienden al infinito. Como es “lógico” le grito: “muévete cojones”. Pero nada, llega el 3-46 y…

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¡Nooooooooooooooooooooooooo!

“Calma, calma, recuerda que esto parece aleatorio, recupera un savestate”. A esas alturas, hago un savestate a cada turno, así que cargo el anterior y… vuelve a salir el cabron del Sauron. Una y otra vez, da igual las veces que vuelva a cargar la partida, siempre pierdo en 3-46. “Coño, pues ahora parece que no es aleatorio”. No entiendo nada, pero no es el momento de rendirse y cargo una partida bastante anterior para darle la orden a Sam de que retroceda y espere por Pipin, mi última esperanza. Tras varias horas tengo a Pippin a un solo paso de Orodruin.

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Vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, que me va a dar algo.

Ahí lo tenéis, justo a la derecha está el Monte del Destino, ya ocupado por tropas mía, por lo que pueda pasar. Es el momento, esto no puede fallar, paso turno y…

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¡¿Pero qué he hecho yo para merecer esto?!

El muy somormujo se mueve en diagonal, hacia el sureste, esquivando así el Monte del Destino. Pero calma, sigue estando a un paso y no va a estar toda la vida dando vueltas al monte como si fuese imbécil. Paso turno y ¡tachán!, una horda de orcos caza a Pippin, y si uso el anillo perderé la partida. ¿Qué hago? Primero cargué el turno anterior y le di la orden a Pippin para que se quedara quieto, mandando en su lugar a un grupo de humanos para que se enfrenten a los orcos. Venzo y trato de mover a Pippin, pero de nuevo esquiva el monte y se sitúa al sur otra vez, y por muchos turnos que pasen él se queda allí quieto. Sin embargo, Sam y Merry, que estaban junto a él sí que llegan al Monte del Destino. Así que se me ilumina la bombilla y vuelvo a cargar el savestate donde Pippin, Merry y Sam están a un paso de Orodruin. Le paso el anillo a Sam, rezando para que pueda aguantarlo durante unos pocos turnos. Avanzo y… ahora el mamón de Sam que no se mueve. Pasan los turnos y se queda quieto. “Pero si antes se movió al momento”, hasta que caigo de la burra, cuando le pasas el anillo su destino se resetea. Así que vuelta hacia atrás, le doy el anillo, pasa un turno y le pongo como destino Orodruin. Son las dos de la mañana, comencé a jugar a las tres de la tarde, casi no he parado y el All Star de la NBA va a empezar. A la mierda, esto es mucho más importante, avanzo turno y…

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No sé si es Gandalf o Papá Pitufo, pero he ganado.

Una extraña mezcla de emoción y liberación me inunda y me quedo un par de mintuos mirando para la imagen. 23 años, casi 23 años después al fin había terminado el War in Middle Earth. Sí, la imagen es fea de cojones, pero con lo qeu me ha costado verla pienso guardarla para siempre en mi disco duro.

Le había dedicado muchas horas en estos días, y eso usando la opción del emulador para acelerar la CPU, y como mínimo lo tenía al 200%, llegando en algunos momentos al 1000% cuando ya tenía todas las tropas colocadas en el campo de batalla. Pese a eso, fueron casi 12 horas el domingo, y unas cuantas el jueves, viernes y sábado. Parece increíble que un juego de 8 bits tenga esta profundidad y duración, sabiendo que las partidas tendrías que grabarlas en cassette con el consiguiente peligro de que falle el proceso. Sigo intrigado por saber qué es  lo que ocurre con el segundo poseedor del anillo, ya que parece que es el único que tiene cierta aleatoriedad, lo que en su día hacía que te desesperases, ya que tenías que apagar el ordenador, invalidando la opción “memo” que graba la partida en la memoria del ordenador (evidentemente se pierde al apagar).

En definitiva, un juegazo que quizá trate de jugar ahora en 16 bits, ya que el planteamiento y el desarrollo es bastante distinto al de nuestros queridos 8 bits.

Acerca de Araubi

Nostálgico de la época de los 8 bits, coleccionista de MSX, cinéfago y metalero casi a partes iguales.
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13 respuestas a War in Middle Earth: Mi odisea particular

  1. He disfrutada mas leyendo tus andanzas con este juego que lo que disfrute en su día jugandolo. Y te aseguro que lo disfrute muchísimo XD

  2. Soberbia crónica de Araubi. Este juego nos dio muchos dolores de cabeza a muchos y el consiguió vencer a Sauron!

  3. Me quito el sombrero compañero. La aventura de Frodo no es nada comparada con la que tú has vivido xD

  4. Una auténtica odisea. Enhorabuena por terminartelo al fin.

  5. Yo no lo jugué por una simple y estupida razon: Miedo. Me intimidaba un juego de eso que llamaban “estrategia”, me resultaba una idea dificil, compleja… no me atraia.

    Ya veis lo estupido que ha podido llegar a ser uno. Ahora mis ideas han cambiado, claro está. y el texto lo hace parecer un documental del canal Historia.

  6. Gracias a todos por vuestros comentarios.

    Deka, a mí también me intimidaba este juego de inicio, lejos quedaban aun los tiempos en los que los clones del Warcraft dominarían el mundo PCero. Pero una vez fui profundizando… me atrapó totalmente.

    Por cierto, puedo decir que al pasar unos días se me ha quedado una sensación agridulce, porque esto ha significado el “entierro” del War in Middle Earth, un juego que he tenido muy presente en diversas épocas de mi vida, y que ahora ya es seguro que no volveré a jugar, al menos a las versiones de 8 bits.

    Saludos, y gracias a todos de nuevo.

  7. A pesar de usar lo de “igancio” para referirte a mi (en esta vida se puede ser de todo,menos pesado…)Tengo que decirte que me ha gustado mucho el articulo,se lo pasare a mi colega para contrastar,pero parece que muchas de tus quejas se parecen a las que decia el.

    “No sé si es Gandalf o Papá Pitufo” si no se que este juego,no sabria diferenciarlo!

    Lo dicho mu bueno!

  8. Lamento la referencia, Ignacio, y si te ha molestado la lamento el doble. Será la última vez.

  9. Nada Araubi, lo que pasa es que hay quién ha abusado demasiado de la coña xD

    Al hilo del juego, que comentas que conociste antes que los propios libros, ¡a mí me parece una manera cojonuda de descubrir a Tolkien!

  10. Pues la verdad es que,aunque yo a Tolkien lo conocía de antes de este juego, he de decir que mi primer contacto con su obra también fue a través de un juego: “The Hobbit”, la conversacional y coincido con Albert, son formas estupendas de entrar en ese mundo.

    Quizás algún día me anime a hacer lo que tu con este juego y me quite una espinita que tengo con ese Hobbit 😉

  11. No te preocupes araubi,que no pasa nada!
    Tu articulo me ha parecido genial,en serio!Espero poder leerte mas por aqui.

  12. Me ha encantado, genial articulo!

    Ese Gandalf del final no estaba muy currados, y normal ¿Cuantos habrán conseguido llegar a verlo?

  13. Que risa Araubi. Y menudo tesón el tuyo. Creo que el juego ha demostrado que eres “valioso” y que podrías soportar la corrupción del anillo en caso de ser necesario. No podemos decir lo mismo de Rajoy… xD

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