Los Padres de SEGA (II)

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Tras la Segunda Guerra Mundial y mientras Europa trataba de recomponerse, fermentaría la llamada guerra fría. Las dos grandes potencias pusieron sus ojos en Asia. En 1948, Corea del Norte se establecería como una dictadura comunista dirigida por Kim II Sung, bajo el apoyo de Stalin. Por su parte, en Corea del Sur se estableció otra dictadura pro-norteamericana. La revolución comunista de China en los meses siguientes y su apoyo a Corea del Norte para iniciar un ataque contra Corea del Sur, desató una rápida respuesta por parte de los norteamericanos, que comenzaron a movilizar tropas.

Marty Bromley supo comprender la oportunidad que representaban estos acontecimientos, pero desde luego no fue el único. En 1949, el joven David Rosen, también de Nueva York, fue enviado a Asia con motivo de la contienda, viajando por diferentes lugares de China y Corea del Sur para acabar estableciéndose finalmente en la base de Okinawa. Japón todavía se encontraba en una situación muy complicada tras la Segunda Guerra Mundial, y Rosen, que no tardó en enamorarse tanto del país como de su cultura, supo ver diferentes oportunidades de negocio que se abrían ante sus ojos. Y fue así como aprovechó un periodo de inactividad para fundar su propia empresa, Rosen Enterprises Ltd. En un principio su negocio se basaba en contratar los servicios de artistas y artesanos japoneses, que debido a la situación del país, llevaban a cabo trabajos profesionales bajo encargo por muy poco dinero.

En poco tiempo Rosen centró la totalidad de sus trabajos en los retratos. La idea era simple: los clientes enviaban sus fotografías desde Estados Unidos y, una vez en Japón, diferentes pintores se encargaban de preparar los retratos encargados, que la empresa enviaba nuevamente a Estados Unidos junto a las fotografías originales. La propuesta era sencilla y no faltaron personas interesadas. Sin embargo las inevitables demoras en los envíos a tanta distancia y en muchos casos el temor de perder las únicas copias de fotografías importantes, provocaron que la idea no terminara de cuajar como se esperaba.

Pero David no se vino abajo y la experiencia le sirvió para darse cuenta de la creciente necesidad en el país de servicios de fotografía, tanto para los japoneses que debían regular su documentación como para los militares norteamericanos establecidos en Japón. De este modo David Rosen empezó a informarse acerca de las primeras cabinas automáticas de fotos con la intención de traer alguna al país del sol naciente y probar suerte. Desgraciadamente la cosa no era tan sencilla como pudiese parecer en un principio, ya que las fotografías que ofrecían los fotomatones de la época funcionaban con papel positivo, que si bien permitía prescindir del uso de negativos, era incapaz de ofrecer fotografías pensadas para durar, quedando más bien orientadas al mero entretenimiento. Los japoneses necesitaban que sus fotos de carné fuesen perfectamente visibles por lo menos unos pocos años para no tener problemas con su documentación.

Rosen pasó algunas semanas asesorándose y recopilando información, y pronto comprendió que si bien existían soluciones para mantener un control en la temperatura y ofrecer fotografías más duraderas bajo este mismo sistema, estos no se aplicaban precisamente por su elevado coste. Supuestamente podría llevarse un control de la temperatura de manera manual, pero sin duda esto requeriría un buen número de empleados, con lo que el coste sería todavía superior.

Pero si algo abunda en cualquier país que viva la desgracia de atravesar una posguerra, es un buen número de personas dispuestas a trabajar por muy poco dinero con tal de poder seguir adelante. David resolvió optar por esta segunda alternativa y Rosen Enterprise comenzó a importar unas pocas cabinas fotográficas que empezaron a ser rentables muy pronto. En pocas semanas David Rosen tuvo la certeza de que había dado en el clavo y gracias a los beneficios estuvo en posición de traer una mayor cantidad de máquinas con la intención de distribuirlas por todo el país, siguiendo un modelo de negocio muy similar al de Service Games.

Los usuarios podían tener sus fotografías listas en cuestión de minutos, pagando entre 140 y 200 yenes, dependiendo de la afluencia de gente en cada ubicación. Aparte de suponer un ahorro, los clientes no tenían que esperar durante unos cuantos días. Los soldados podían mantener actualizados sus pasaportes disminuyendo las esperas, mientras que los japoneses podían actualizar o solicitar sus documentos de identidad de manera mucho más rápida, los cuales resultaban fundamentales si querían tener acceso a las raciones de comida.

La marca con la que se dio a conocer este servicio fue Nifun Shashin, rebautizada posteriormente como Photorama, y su éxito fue tal que no resultaba nada extraño ver como se formaban enormes colas de gente en algunas de las máquinas, esperando poder usarlas con tal de ahorrar tiempo y dinero. En pocos meses Rosen había distribuido más de un centenar de sus máquinas por Japón.

Pero no todo iba a ser coser y cantar. Las protestas por parte de los fotógrafos tradicionales, que veían como su negocio se hundía, no se hicieron esperar. Finalmente Rosen se vio obligado a compartir esta tecnología con los fotógrafos, y si bien Photorama seguía gozando de un enorme éxito, buen aparte de estos beneficios irían a parar a los nuevos franquiciados. Por si fuera poco, al no existir patentes, comenzaron a surgir competidores que ofrecían exactamente el mismo servicio. De esta manera, semana tras semana, los beneficios de Rosen Enterprises iban menguando lentamente y se perfilaba un futuro más que incierto.

Mientras tanto, para Marty Bromley el panorama no parecía mucho más alentador. Si bien tal cantidad de personal militar establecido en Japón, dónde se encontraba actualmente su empresa, era perfecto para seguir con su propuesta de negocio original, las nuevas leyes de restricción para la industria de las máquinas recreativas había disparado los costes de exportación, volviéndolos poco menos que desorbitados. Traer nuevas máquinas a Japón resultaba una apuesta excesivamente arriesgada.

En abril de 1951 nació la compañía Nihon Goraku Bussan, que se propondría fabricar todo tipo de máquinas recreativas directamente en Japón. No tardaron en poner a la venta sus primeras máquinas, que si bien destacaban por su calidad y acabado para la época, no terminaban de penetrar y establecerse con firmeza.

Bromley ya tenía todos los contactos necesarios, por lo que lo único que necesitaba eran las máquinas. Al ser considerados como artículos de lujo, seguir importando la mayoría de ellas resultaba cada vez más complicado y sobre todo menos rentable. Así fue como Service Games se asoció con la nueva Nihon Goraku Bussan pocos meses después de su fundación, comprometiéndose ésta a ofrecer toda suerte de máquinas de entretenimiento a Bromley para seguir distribuyéndolas principalmente en las bases militares. Service Games empezó a colocar nuevas máquinas, desde novedosas tragaperras hasta máquinas de refrescos, pasando por las exitosas jukebox.

El éxito no se hizo esperar y Service Games pronto comenzó a distribuir máquinas entre las bases de Hawaii. Los beneficios se multiplicaron tanto que no dudaron en importar las más flamantes máquinas de pinball.

Mientras tanto, Rosen comprobaba desalentado como el negocio de las fotografías dejaría de ser rentable en muy poco tiempo. Antes de que resultara demasiado tarde, decidió reunir sus beneficios acumulados para importar otro tipo de máquinas. De este modo comenzó a importar las primeras máquinas de juegos, en su mayoría de disparos, que resultaba enormemente llamativas, y reemplazar gradualmente las cabinas de Photorama que continuaban operativas. El éxito no tardó en llegar y recibieron una gran acogida. Los propios soldados que veían estas máquinas mientras se encontraban de permiso fueron quiénes comenzaron a demandarlas en sus bases.

Las nuevas máquinas arcade que traía Rosen eclipsaban a las de Service Games, incluidos los pinballs. Marty Bromley se dio cuenta rápidamente y pidió reunirse con las cabezas visibles y pensantes de Nihon Goraku Bussan para tomar cartas en el asunto. Era evidente que si no querían ser desplazados por Rosen, debían enfocar sus esfuerzos en producir también máquinas de juegos arcade originales. Además contaban con la ventaja de no tener que importarlas desde Estados Unidos, con el importante ahorro de impuestos que ello suponía.

Nihon Goraku comenzó a fabricar de inmediato este tipo de máquinas. Sin embargo, debido a su inexperiencia, sus máquinas parecían ir siempre dos pasos por detrás de las americanas. Y esto las sentenciaba a quedar relegadas siempre a un segundo plano en un mercado en el que los clientes potenciales se decantaban por las máquinas más atractivas y espectaculares. Cualquier pequeña novedad o cambio que ofreciera uno de los juegos, lo convertía de inmediato en el centro de atención.

En los años siguientes, Service Games of Japan y Rosen Enterprises Ltd. compitieron por intentar ofrecer máquinas de juegos más novedosas y adictivas. Pero la brecha entre ambas compañías iba resultando cada vez más amplia, a favor de Rosen, quién por aquel entonces ya había dejado totalmente atrás Photorama para centrarse en los juegos.

Bromley intentó combatir con todas sus armas, pero finalmente lo vio claro: si quería que Serivce Games se posicionara en la cima, tendría que cambiar de socios. Marty pidió reunirse con David Rosen. Sería la primera de varias reuniones entre los dos emprendedores, pero finalmente llegaron a un acuerdo y ambas compañías se asociaron, dejando atrás a Nihon Goraku Bussan. La compañía japonesa no tiró la toalla, pero a pesar de que cada vez se esforzaba más en sus productos, el haber perdido los canales de distribución que les brindaba Service Games resultó un golpe muy duro.

Rosen y Bromley supieron dejar atrás cualquier rivalidad y comprobaron que se entendían bien, descubriendo que ambos tenían una visión de negocio muy similar. Así fue como muy poco tiempo después de asociarse, decidieron llevar su alianza un paso más allá y fusionarse bajo el nombre de Rosen Enterprises. Por su parte, aunque en un segundo plano, Nihon Goraku continuaba mejorando sus sistemas y abriéndose paso. David Rosen supo ver el creciente potencial por parte de los japoneses, que comenzaron a dejar de ir por detrás para experimentar e innovar con ideas frescas. Después de una larga charla con Bromley, concluyeron que ahora que estaban juntos podían permitirse la adquisición de Nihon Goraku Bussan y que ésta podría resultar crucial en el futuro.

Unos meses después se cerraron todos los acuerdos y compraron la totalidad de la compañía, que rescataría las siglas de Service Games con las que se daba a conocer en un principio y pasaría a ser constituida como SEGA Enterprises Ltd. Bromley insistió en esta decisión, no sólo por la pequeña satisfacción personal de rescatar parte de su antiguo nombre, sino también para dar a entender tanto a los clientes como a los propios empleados que la empresa seguía siendo la misma y que iba a mantener su filosofía y modelo de negocio.

Gracias a R. P., sin su ayuda ni habría sido posible acceder a algunos datos ni habría habido suficiente interés en repasar esta parte de la historia 🙂
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3 respuestas a Los Padres de SEGA (II)

  1. Es muy interesante!! Gracias por estos artículos!!

  2. Gracias a vosotros por leerlos 🙂

  3. Que buen articulo otra vez!
    Lo de las maquinas de fotos es genial,no tenia ni idea!
    Solo dire que esta historia es muy interesante y asi como de Nintendo se comenta mas o menos,de SEGA no habia leido casi nada.

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