Los Padres de SEGA (I)

sega

Corría el año 1939 y el mundo entero tenía puesta su mirada en la recién encendida mecha que haría estallar la Segunda Guerra Mundial. Esta creciente sombra se sumaba a las preocupaciones personales de cada individuo, sin llegar a disiparlas.

A sus veinte años, al neoyorkino Martin Bromberg le rondaban por la cabeza un par de inquietudes relacionadas con sus respectivos padres. La primera de ellas tenía que ver con su madre, Jeannette Bromberg, quién había tenido a bien bautizarle con el segundo nombre de Jerome en recuerdo de un familiar querido. Desde pequeño, a Martin no le había hecho mucha gracia su segundo nombre, y con el tiempo este sentimiento se acrecentó. Hacía algunos meses que tenía en mente hablar con ella y obtener su aprobación para cambiar de nombre, pero temía disgustarla.

La segunda de sus preocupaciones, aunque no por ello menos importante, guardaba relación con su padre, Irving Bromberg. El señor Bromberg había demostrado ser todo un emprendedor. Con tan sólo veinticuatro años ya contaba con su propio negocio en el sector automovilístico, en Brooklyn. Diez años más tarde, su empresa se había expandido a otras áreas y distribuía diferente maquinaria a nivel mayorista. En el año 1934, Irving dio un giro importante a su negocio y aprovechando buena parte de los contactos que había cosechado entre diferentes exportadores y distribuidores, fundó la empresa Standard Games Co. en Los Ángeles. El propósito de Standard Games era distribuir diferentes máquinas de entretenimiento accionadas por monedas, especialmente las máquinas de pinball de la época.

Al bueno de Martin se le había ocurrido que podría unirse al negocio de su padre y darle otra vuelta de tuerca. Sin embargo era plenamente consciente de que convencer al señor Bromberg sería mucho más complicado que obtener el visto bueno de su madre para cambiar de nombre.

Pero Martin había tenido tiempo para macerar esta idea, y no tenía previsto enfrentarse en solitario a tan ardua tarea. Mientras cursaba los estudios de secundaria conoció a James Humpert, con quién en el transcurso de los años había forjado una sincera relación de amistad. En las últimas semanas Martin le había explicado sus ideas a Humbert, quién terminó dejándose convencer para unirse al plan llegado el momento.

En aquel momento Standard Games llevaba en marcha cinco años, y aunque seguía resultando claramente rentable, empezaba a dar la sensación de que se había estancado ligeramente. En sus encuentros, Martin y James cavilaban acerca de las posibilidades de ampliar el repertorio de máquinas y distribuirlas en el mayor número posible de bases norteamericanas ubicadas en diferentes países. Esta idea se fue nutriendo a raíz de algunas conversaciones con antiguos compañeros de estudios, los cuales terminaron asignados a varias bases militares, y siempre recalcaban las pocas maneras de matar el tiempo que había en las mismas, así como el éxito inmediato entre el personal de cualquier clase de entretenimiento.

Cuando terminaron de autoconvencerse a ellos mismos de la viabilidad de su propuesta, estudiaron el modo de planteársela al padre de Martin. Efectivamente, tal y como sospechaba su hijo, el señor Bromberg no iba a dar su brazo a torcer fácilmente. Le parecía estupendo que quisieran sacar adelante su idea, que además, no le disgustaba. Pero consideraba que para ellos sería más provechoso y una experiencia más enriquecedora montar su propio negocio en lugar de pasar a formar parte del suyo, pues así se darían cuenta del trabajo que costaba levantar una compañía por pequeña que fuera.

Sin embargo, después de una larga charla y gracias al modo en el que Humpert planteó sus ideas, con su carácter tranquilo y pausado, Irving Bromberg finalmente accedió a la propuesta. Todavía no estaba del todo convencido, pero desde luego la idea no era nada descabellada. Gracias a sus socios podrían hacerlo sin un desembolso importante, y si salía mal, al fin y al cabo sería una lección importante para que su hijo aprendiera lo perseverante que uno debe ser si pretende sacar adelante su propio negocio.

Los dos jóvenes, especialmente Martin, estaban muy ilusionados y se pusieron manos a la obra inmediatamente. En pocos meses empezaron a hacer tangibles los frutos de esta iniciativa. Parecían haber encontrado un filón importante, por lo que ya entrados en 1940, los tres acordaron un plan para reestructurar la empresa y comenzar a expandirse a gran escala.

A medida que transcurrían las semanas y según podía verle tomar decisiones acertadas, el señor Bromberg iba depositando más confianza en su hijo, quién aprendía rápido y tomaba buena nota de sus consejos. Poco a poco iba adquiriendo mayores responsabilidades. Siempre aconsejado por James, quién analizaba todas las posibilidades de manera meticulosa antes de que tomaran cualquier decisión importante, Martin demostró ser tan perspicaz para los negocios como su propio padre.

Fue de este modo como Standard Games comenzó a introducir en un buen número de bases militares pinballs, máquinas tragaperras e incluso gramolas, todas accionadas introduciendo monedas.

Debido al elevado número de personal militar asignado, una de las bases dónde más máquinas lograron instalar fue la de Pearl Harbor. El propio Martin visitaba personalmente la base con frecuencia y se encargaba de ir aumentando la cantidad y la variedad de máquinas a partir de la rentabilidad de cada una. Resultaban un éxito rotundo entre los soldados.

Las cosas no podían estar funcionado mejor. Martin se encargaba de la mayoría de los contactos tanto en las bases como con los proveedores, y la empresa crecía a buen ritmo. No dejaba de traer y colocar más variedades de máquinas, las cuáles por aquel entonces comenzaron a amortizarse en un tiempo récord. No podían sentirse más satisfechos, hasta que Martin Bromberg fue llamado al servicio militar.

En aquellos momentos resultaba muy complicado para la empresa prescindir de él. Además Martin acababa de encontrar su verdadera vocación en el mundo de los negocios, por lo que prefería centrarse en la empresa. El señor Bromberg tampoco tenía especial ilusión en que se uniera al servicio, por lo que tuvo claro que debía recurrir a algunos de sus contactos para que su hijo pudiese quedar en servicio inactivo y de este modo seguir adelante con el negocio.

A medida que Standard Games crecía era necesario contratar más personal, tanto para encargarse del mantenimiento de las máquinas como para la recaudación. Se llevaba un registro de la recaudación de cada máquina para poder calcular los días que solía tardar cada depósito en llenarse de monedas. De este modo, se enviaba con antelación a un encargado para vaciar las máquinas antes de que se llenaran.

Siguieron expandiéndose ubicando sus máquinas en más bases y se hicieron nuevas contrataciones para poder cubrir las rutas de revisión y recaudación de todas las máquinas instaladas durante el último año y medio. Pero a finales de 1941 tendría lugar el trágico bombardeo de Pearl Harbor. Aparte de la cantidad de vidas que se perdieron, la tragedia también afectó a la compañía, que perdió un buen número de máquinas ubicadas en los buques alcanzados. Algunos de los barcos estuvieron ardiendo durante dos días, pero todavía se pudieron rescatar y reacondicionar algunas pocas de estas máquinas.

Las que se pudieron recuperar se volvieron a reubicar e instalar a la mayor brevedad para poder seguir rentabilizándolas, por lo que transcurridos pocos días, los empleados de Standard Games volvieron a por la recaudación de las mismas.

Existe una anécdota bastante curiosa que tuvo lugar durante el primer día de recaudación después del ataque. Se cuenta que dos marineros se mostraron disgustados ante la llegada de uno de los empleados de Standard Games. Éste se sintió algo avergonzado y comprendió que aunque él sólo estaba haciendo su trabajo, a los soldados les podía parecer una falta de respeto que hubiesen vuelto a poner las máquinas y fuesen a recoger las monedas habiendo transcurrido tan poco tiempo desde el bombardeo. Sin embargo y para su sorpresa, lo que le reprochó uno de los marineros es que allí era más fácil que le cayera a uno una bomba a que le tocara un premio de sus máquinas…

Pese a todo, los conflictos bélicos trajeron una constante movilización de personal militar, lo cual favoreció notablemente la expansión del negocio, instalando nuevas máquinas de entretenimiento en un amplio número de bases norteamericanas. Martin había superado sus propias expectativas y dados los buenos resultados que estaban cosechando, Bromberg padre fue cediéndole terreno a su hijo. En poco tiempo éste asumió casi por completo el control de la compañía.

Martin se había ganado el respeto de sus padres, que se mostraban realmente orgullosos, así que consideró que difícilmente habría mejor momento para afrontar la cuestión del cambio de nombre. Tras hablarlo con sus padres, se registró con el nombre de Marty Bromley, perdiendo su segundo nombre “Jerome” y modificando levemente su apellido por el camino. Al final su padre se mostró más contrariado que su madre respecto al cambio, pero a Marty no le hacía mucha gracia que le ubicaran permanentemente bajo la sombra de su padre. Consideró que el cambio resultaría acertado.

Transcurrieron algunos años y el negocio continuó creciendo de manera exponencial. Ya en 1945, Bromley había asumido por completo el control de la compañía, contando siempre con el apoyo y los consejos tanto de sup adre como de Humpert, quiénes continuaban encargándose de asuntos de importancia.

En aquel entonces Marty decide poner en práctica algunos cambios con la intención de reforzar y afianzar la empresa. Entre ellos, se optó por intentar abarcar un menor abanico de máquinas de monedas, al contrario de lo que habían hecho hasta el momento, para tratar de especializarse en sistemas de juegos (sin duda mucho más rentables), al tiempo que aumentaban sus esfuerzos para ofrecer un mejor servicio en cuanto a distribución y mantenimiento. Y es que cada hora que una máquina permanecía averiada, era una hora en la que esa máquina dejaba de ser rentable. Estas medidas culminaron con un cambio de nombre, y fue así como para demostrar la importancia que ibana  conceder a su servicio, Standard Games pasó a llamarse Service Games, que seguiría estando ubicada en Honolulú.

Finalmente la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin. Sin duda eran muy buenas noticias para todos, pero también traían cierta preocupación para Bromley con respecto al devenir de su negocio. Al fin y al cabo el fin de la contienda implicaba no sólo dejar de expandirse entre nuevas bases militares, sino comenzar una recesión.

Gracias a los buenos años que había tenido la empresa y a los beneficios que habían acumulado, Marty se pudo permitir el lujo de tomarse su tiempo para evaluar la situación con calma y observar el curso de los acontecimientos. En 1951 tomó la decisión de que era conveniente trasladar la compañía a Japón. Un año después, la empresa volvería a variar ligeramente su nombre, inscribiéndose como Service Games of Japan.

Y es que para bien o para mal (yo particularmente me decanto más bien por lo segundo), desde sus orígenes la historia de esta compañía se ha encontrado dividida entre los Estados Unidos y Japón.

Gracias a R. P., sin su ayuda ni habría sido posible acceder a algunos datos ni habría habido suficiente interés en repasar esta parte de la historia 🙂
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7 respuestas a Los Padres de SEGA (I)

  1. Vaya, siempre había pensado que sega era Japonesa de pura cepa, aunque sus juegos siempre me resultaron con aires occidentales.

    Muy bueno el articulo, siempre me han gustado las historias de como empezaron las grandes del videojuego, espero que no sea el ultimo.

  2. Luego dicen que no se aprende con los videojuegos.Bonita historia,además de bien redactada.Ahora falta la segunda parte, como empezaron y continuaron desarrollando videojuegos hasta la epoca.
    Enhorabuena por el reportaje.

  3. y la epoca de mayor gloria, en la cual fueron defendidos por Segata-san! 😛

  4. Que pudo ver en Japon, para instalarse tan pronto alli.

  5. Me quito el sombreo con este articulo.
    Muchisima informacion que desconocida y que en general,no se suele tratar cunando se habla de la gran SEGA.
    Chulisimo Albert

  6. ¡Ole Albert! Gran curro tío. Esta clase de artículos siempre son bien recibidos. Ahora a la espera de la segunda entrega 😉

  7. che,que lola!!!!…nunca encontre esa info,re desconocido,felicitaciones!!la proxima me gustaria un articulo sobre el primer juego a color de sega

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