La leyenda del coño de la Bernarda

Es célebre la frase “esto es como el coño de la Bernarda”, pero realmente, ¿dónde podríamos atribuir su origen?

Algunas narraciones y leyendas la sitúan como un ser novelesco, otras con trasfondo verídico… Unos dicen que granadina, otros que sevillana… En cualquier caso, mujer de prodigiosos talentos fuera de donde fuere.

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La historia más conocida es la siguiente, que os vengo a resumir. En mi opinión, como muchas historias, se van liando… liando… y la madeja es de tales dimensiones, que ya no se sabe distinguir la realidad de la ficción, en este caso, la mujer del personaje. Leer con atención, ya que no tiene desperdicio.

Nacida en torno al siglo XVI, de padre musulmán y madre cristiana, cabalgaba entre ambas religiones en unos tiempos complejos, recorriendo las calles con sus oraciones coránicas y cristianas. Seguramente, la buena mujer fuese alguien avanzado para su época, que entendía de remedios naturales y era liberal con su cuerpo, pero os vamos a contar lo que cuentan las historias…

Fue reconocida y admirada por sus vecinos, ya que lo mismo arreglaba una torcedura, que curaba una herida, o hacía fértiles a quiénes se decía no podían tener hijos.

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Cuenta la leyenda, que una madrugada fue sobresaltada por unos fuertes golpes en su puerta, a los que se apresuró en contestar. Asustada al encontrarse a un hombre embozado en una capa, al instante se percató de que era Don Aurelio del Alto Otero, segundo conde de Artefa. Acudía a solicitar consejo, por un sueño que le había perturbado.

Soñó con los graneros de Artefa vacíos, con mujeres y hombres famélicos, llorando en sus puertas sin poder él hacer nada más que alzar los ojos al cielo, clamando una respuesta. Entonces, se le apareció una figura que identificó como San Isidro Labrador, escuchando una voz potente que se pronunciaba de esta manera: “San Isidro Labrador, ¡quita lo seco y devuélvele el verdor…!”.

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Bernarda, sorprendida por el relato del conde, le contó una experiencia muy parecida que había tenido ella recientemente.

Una noche, mientras esperaba que el sueño la llegase, acostada en su lecho pensaba en cómo había dedicado su vida a los demás, habiendo dejado de lado la suya propia y no habiendo tenido marido ni hijos, ya que según ella “No es buena la mujer de cuyo higo no sale hijo”. Tras este pensamiento, debió rendirse al sueño, y se le apareció en mitad de la habitación el mismísimo San Isidro Labrador, que sin mediar palabra le metió la mano en la raja, siendo tal el gusto que experimentó, que comprendió la expresión “tener mano de santo”. Casi a punto de morir estaba por el arrobamiento experimentado, escuchó por boca de San Isidro: “San Isidro Labrador, te quito lo seco y te devuelvo el verdor”.

Tras compartir su emocionante experiencia con el conde, le comentó que estas cosas no son para que las comprendan los ignorantes, si no para desentrañarlas la divina misericordia y por eso están solamente en la gracia de Dios.

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El conde se fue pensativo pero con la misma incertidumbre, aunque el caso es que tras su visita a Bernarda, las cosechas fueron más fértiles que nunca.

Siendo el conde un religioso y devoto hombre, compartió su visita a Bernarda con el cura de la zona, Don Higinio Torregrosa, con quien tenía confianza. Quedando el cura fascinado, en la siguiente homilía, contó a todos como sus tierras eran fértiles gracias a los dones concedidos por Dios a Bernarda, más concretamente a su “higo bendito”. Había en los alrededores un hombre, conocido como Manolico el Tontico, que se pasó los días en la plaza del pueblo gritando a todo el que por allí pasaba, que no creyeran el misterio de la Santa Bernarda, “porque ninguna mujer es santa por donde mea” y que debía arder en el infierno. Bernarda, indignada por el revuelo, mandó traer a Manolico ante su presencia. Una vez ante ella, le dijo: “Mete tu mano en mi coño bendito, a ver si miento, en lo que siento, y sea tu escarmiento”. Lo único sabido después, es que Manolico se hizo un ferviente defensor de Bernarda, predicando sus dotes por toda la Alpujarra granadina. La voz corrió más allá de Artefa, y las gentes se decían unas a otras que acudiesen a casa de Bernarda a tocar su coño bendito y así tener abundancia. También se decía que era tal la abundancia, que las mujeres parían niños sietemesinos fuertes como cabritos, las cosechas se multiplicaban hasta no dar abasto, y que hasta las gallinas ponían huevos con siete yemas… Como es propio de los mortales, a Bernarda le llegó la hora y murió. Los lugareños, temían al no tenerla ya para darles la prosperidad esperada, que sucediese algún mal y estuviesen desamparados. Sus temores se confirmaron y al poco de morir ésta, se sucedieron todo tipo de desdichas: Terremotos, tierras infértiles, abortos… La obscuridad parecía recaer sobre Artefa, hasta que un día, cuenta la leyenda que una mujer del pueblo, lloraba su desdicha ante el sepulcro de Bernarda, cuando unas luminarias empezaron a ascender del sepulcro. Asustada, se apresuró a llamar al párroco el cuál ordenó que se desenterraran de inmediato los restos de Bernarda, en presencia de medio pueblo y entre ellos el notario de la zona, constatando este que de Bernarda quedaban solamente cenizas excepto, como hizo constar por escrito “su higo incorrupto, rojo y húmedo como una breva”.

El párroco hizo trasladar el despojo en una reliquia, colocándolo en la parroquia e inscribiendo debajo la leyenda con el nombre “El coño de la Bernarda”. Desde entonces, no hubo nadie que se acercase al afamado coño, que no obtuviese la dicha y abundancia con solo tocarlo.

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Tanta fue la trascendencia, que el párroco junto al Ayuntamiento solicitaron a la Ecclesia Metropolitana de Granada, la canonización de Bernarda de Artefa.

El entonces Arzobispo de Granada, Don Pedro Castro Vaca y Quiñones, respondió a la misiva, que nada bueno podía haber salido del coño de una mujer, ya que la propia Virgen María trajo al mundo a Jesucristo, manteniéndose virgen e inmaculada, y que mandaría a la Santa Inquisición a destruir tal aberración. Ante tal respuesta Don Higinio Torregrosa decidió, ayudado por el notario, emparedar la reliquia bajo la ventana de la sacristía, hasta que la iglesia cambiase a su respecto. Nunca sabremos si estos hechos fueron reales o ficticios, aunque el mismo Higinio Torregrosa, firmaba la leyenda como cierta y vista con sus propios ojos. Las conclusiones que se pueden extraer, es que como poco, fue una de las primeras creadoras del márketing viral para promocionar su cuerpo en este caso, y que la debió funcionar si la leyenda llega hasta nuestros días.

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2 respuestas a La leyenda del coño de la Bernarda

  1. Cariño, no son cuernos, sólo le he tocado el papo a esta señora para traer prosperidad jajaja

  2. Coño es una palabra que me gusta mucho, a parte de lo que te guste lo que signifique

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