Dentro del Laberinto: La serie

The paths will take you to whichever time I choose. Find the Nidus, bring it to me…

El 11 de junio de 2015, algunos de los periódicos de media Europa occidental (en España, La voz de Galicia, por ejemplo) se hacían eco de un triste hecho acontecido el día anterior: en Londres, acababa de fallecer el mago más poderoso de todos los tiempos. Era británico, nacido en Tottenham 91 años antes, y aunque no tenía la fama atemporal de compatriotas suyos como Merlín o Dumbledore, sobre el papel era infinitamente más poderoso, pues había sido elegido para custodiar el objeto con el mayor poder jamás conocido, el Nidus, y mantenerlo alejado de las fuerzas del mal, especialmente de la más malvada de las brujas, Bélor. Apuesto que más de un lector de este artículo ha sonreído y ha asentido al notar como los dos nombres propios que la frase anterior contenía eran un soplido que avivaba una brasa de un recuerdo que creía apagado y sepultado por varios estratos de tiempo y vivencias. Un rastro neuronal conectado, tal vez de una manera encantadoramente primaria, a unos tipos de emoción y de aventura que en la edad adulta son bastante más infrecuentes. Y también, con casi absoluta probabilidad, ha descubierto que no está completamente sellado el agujero de gusano que desemboca en un terror infantil, casi primigenio, inmediatamente contiguo al que nos imbuía el Coco o el hombre del Saco,  de un modelo de pavor que provocaba una deliciosa intranquilidad en el estómago del tamaño justo para engancharnos a una historia y que lo último que se nos ocurriera fuera huir de ella, muy al contrario, contábamos los días para sentarnos de nuevo puntuales a nuestra cita semanal ante el televisor. De hecho, os propongo una sencilla prueba. Pulsad en el siguiente enlace de youtube, subid el volumen de vuestro dispositivo y bajad los párpados.

Apuesto a que quienes recuerden aunque sea vagamente esta sintonía habrán tenido un principio de activación de varios miles de músculos horripiladores. Y los que no la conocieran seguramente coincidirán en que la mezcla entre la música épica, los sintetizadores y la embriagadora voz de una soprano transportaba al espectador a ese punto exacto donde convivían misterio y aventura, lo predisponían ante lo que iba a desfilar frente a sus ojos.

Evidentemente, Rothgo, que así se llamaba el brujo, no era más que la encarnación literaria y extrema, tan repetida, del bien puro, y como tal era prácticamente inmortal. Pero los guionistas de la serie “Dentro del Laberinto”, necesitaban a alguien con cuerpo físico que se impregnase del papel del hechicero y lo llevara, en primer lugar, delante de los espectadores de la cadena HTV, y posteriormente, atravesando una pasarela de éxito, a varias televisiones europeas (entre ellas TVE y la FORTA). Y encontraron la solución perfecta a la ecuación en el ya alopécico actor Ron Moody, que contaba con una amplísima trayectoria teatral (algo básico para construir al personaje, como más adelante veremos) y que llegó a estar nominado al Oscar unos años antes, aunque su carrera estaba en ese punto de moderado declive que le llevó a aceptar un papel en televisión, por entonces (siglo I antes de Netflix) un arte considerado mucho menor.  Su vozarrón y su penetrante mirada le venían como un guante a la encarnación del mago custodio de todo lo bueno. Además, para enfatizar la solemnidad requerida en una lucha por todo lo alto entre el mal y el bien,  lo vistieron con una especie de sotana negra, lustros antes de que el Neo de Keanu Reeves nos tratase de convencer de que enfundársela era chic y moderno. Y como esto va de extremos, para encarnar el mal absoluto, los responsables de casting eligieron a una ex-Moneypenny de James Bond, por entonces treintañera, Pamela Salem, de mucho mejor ver que el físicamente decrépito protagonista masculino, cuya biografía nos relata que nació en la India, dato que no nos sorprende a posteriori porque consiguió hilar un personaje misterioso, temible y con un punto de fascinante y tenebroso, que por cierto también iba de negro desde la coronilla hasta la manicura.

Definitivamente, a principios de los 80, lo educativo vendía, partiendo del ZX Spectrum y pasando por “Érase una vez el hombre”. Emplear aquella ventana que los padres abrían a que sus hijos pudieran ser educados no sólo con los métodos tradicionales, fue efectivo (cosa que podemos juzgar pasadas ya unas décadas) y, fundamentalmente para sus impulsores y  productores, rentable. Entre 1980 y 1982, la HTV grabó la serie, bajo la dirección, producción y participación en el proceso creativo de Peter Graham Scott (autor de otra previa parecida, Children of Stones). Además contaba con la valiosa colaboración en la máquina de escribir de de Bob Baker, que quizás a alguno le suene por ser co-guionista de Wallace y Gromit, pero que en aquellos días presentaba como principal bagaje haber escrito historias que se convirtieron en capítulos de Doctor Who, algo que sin duda empapó a la serie que preparaba para la HTV. El título que recibió la obra fue el citado  “Dentro del laberinto” (Into the labyrinth, no hay que confundir con la peli de David Bowie y Jennifer Connelly de unos años después). ¿Y qué era el laberinto al que hacía referencia el título? Pues la mente de Rothgo, que mientras que tuviera el Nidus cerca era inmortal y que, de hecho, sus recuerdos de milenios de vida habían dado forma a un espacio físico que era la representación de su mente (paths of my mind, como se refiere el protagonista a lo largo de la serie). En un punto de los primeros ochenta es cuando Bélor decide hacerse con tan formidable fuente de poder, así que el mago la esconde en el lugar que mejor puede custodiarla, ese laberinto. La malvada hechicera, que no puede tocar el Nidus mientras que Rothgo siga vivo, no tendrá más remedio que irlo alejando de él por el espacio-tiempo hasta que la conexión entre ambos sea inexistente y así dejar al poderoso guardián del bien sin fuerzas vitales. En resumidas cuentas, este arco argumental es la simple justificación para vender una serie que enseñara a los niños distintos episodios de la historia de la humanidad, y así, siguiendo la apasionante aventura de la búsqueda del Nidus, casi sin darse cuenta,  aprenderían sobre la revolución francesa, el incendio de Londres, la conquista española de América o la resistencia de El Álamo, siendo la coartada perfecta para vender la producción como producto educativo. El guión se complementa con la irrupción de tres niños/adolescentes que ayudan a Rothgo y con los que jóvenes empatizarán fácilmente y así se sumergirán en la aventura casi como vivida en primera persona. Los chicos  responden a los nombres de Phil (Simon Beal) , un poco mayor que los otros dos y por lo tanto es el más responsable, y los hermanos Terry (Simon Henderson) y Helen (Lisa Turner).  Curiosamente, Simon Beal se cambió el nombre artístico por Charlie Caine  y ha aparecido como secundario en varias películas. Y Lisa Turner cuenta actualmente con una larga filmografía en series de televisión británicas (Doctors, Gente de Barrio,Bad Girls) participando también en varias películas. La historia comienza, cuando todos se conocen en la puerta de una misteriosa cueva de la que buscan refugio porque la lluvia les ha sorprendido paseando por el bosque. Allí escuchan una voz de muy débil, casi un susurro dentro de su cabeza, pidiendo ayuda. Deciden romper todas las reglas de la prudencia e internarse en la caverna desconocida, hasta que encuentran a un hombre atrapado bajo una enorme piedra. Éste, en lugar de recibirlos con la alegría de quien ha sido oído en una petición de ayuda, maldice su suerte porque ha gastado toda su energía  en solicitar auxilio y sólo ha conseguido que acudan unos niños. La situación urge, y los convence para que muevan la gran roca, algo en apariencia imposible, y es aquí cuando les cuenta que es un mago poderoso y que canalizará su energía hacia ellos. Por supuesto, se muestran escépticos, especialmente Terry, pero todos ven con sorpresa cómo, al contacto de sus manos sobre su superficie, la piedra se levanta liberando a Rothgo. Ahí les explica lo qué es el Nidus, quién es Belor y les pide adentrarse en el intrincado laberinto de su mente para traer de vuelta al preciado objeto. Tras unas dudas, los niños aceptan, recibiendo a modo de uniforme unos espartanos trajes de monje que harían las delicias de los extras de “El nombre de la rosa”.

Una vez aceptado el reto, ante la evidente pregunta de qué forma tiene lo que buscan, la respuesta es otra de las características que contribuyó a hacer aún más atractiva la propuesta de serie: no tiene dimensiones ni materiales definidos, puede ser cualquier cosa, generalmente metálica, y sólo podrán indentificarlo mediante su reflejo, es decir,  cuando sospechen que un objeto puede albergar al Nidus, deberán de mirar si su imagen en una superficie reflectante presenta un brillo intenso. Entonces, deberán rodearlo y concentrarse en la imagen de los ojos de Rothgo, que los traerá de vuelta, recuperará la plenitud de sus poderes y derrotará a Belor. Pero evidentemente, la perversa bruja no se quedará quieta y, teniendo presente la premisa de que no puede poseer la fuente de poder hasta que fenezca su némesis, se limitará a alejarla por el laberinto para debilitarlo, empleando para ello una frase que indignó durante semanas a los seguidores de la serie y que solía significar el final de un capítulo: “¡Os niego el Nidus!” (I deny you the Nidus!). Con ella, Bélor se salía con la suya, acompañada de una carcajada estándar de mala malísima y los niños empezaban a girar en espiral hasta completar el salto a otra zona del tiempo…continuando la historia en nuestras pantallas siete largos días después. Para empujarlos en pos de conseguir su fin, los chicos recibían la ayuda de cada una de las encarnaciones pasadas de Rothgo, mucho menos poderosas que la presente, y así, el camaleónico Ron Moody, acababa vestido de sacerdote egipcio, de griego clásico, de mago artúrico, de antiguo texano, de vikingo… Por otro lado, Belor sí viaja físicamente por el laberinto, pero se camufla también como personaje de la época, lo que permite a Pamela Salem desplegar un amplio abanico de vestuario y encarnar personajes muy distintos entre sí. También contaba con la peculiaridad de que la bruja podía poseer a cualquiera de los secundarios, con lo que la gama de perfiles a interpretar es incluso mayor que la del protagonista masculino.

La serie se dividió en tres temporadas de siete episodios. La primera nos presenta a los personajes y avanza por la trama expuesta previamente. No creo que sea grave hacer un espólier de casi 40 años si digo que esta first season acaba con los niños devolviendo el Nidus a Rothgo in extremis y con Bélor confinada en una roca. La segunda, y para mí la mejor, arranca con la hechicera tenebrosa resucitada que, imitando lo que se había hecho con la parte luminosa del poder,  trata de acumular a las fuerzas del mal alrededor de un objeto simétrico al Nidus, el Ambélor, y Rothgo trata de impedírselo mandando a los chicos a la época donde la bruja ha encontrado el último componente para su plan. A Phil le transfiere parte de su poder y tratan de emplear el Nidus contra Bélor, justo cuando la ella trata de ensamblar su maligno invento. Como resultado, el objeto oscuro es destruído, pero el Nidus, a su vez, es dividido en 5 partes que se esparcen por el laberinto. Así que lo que en la primera tanda de capítulos era la búsqueda de un único objeto, aquí incrementa su dificultad de forma notable pues hay que encontrar los cinco fragmentos. Los chicos viajaran por el tiempo intentando por dar con las fracciones, y al grito de “¡Reclamo el Nidus!” (I clime the Nidus!), estas se agruparán formando un collar entorno al cuello de Helen. En mi opinión, el guión de estos segundos siete capítulos es de lo mejor que he visto nunca en la televisión.

La historia oficial nos dice que hubo una tercera temporada. Pero para que nos hagamos una idea, es como considerar a “El reino de la calavera de cristal” una película de Indiana Jones… Hay un abismo entre la calidad de las dos primeras partes y esta postrera. Aquí no aparece Rothgo, y es sustituido por otro mago, Lazlo (interpretado por Chris Harris), con una frondosa melena ochentera y una retranca cómica que le sienta a la historia mucho peor que la solemnidad previa. Sólo un crecido Phil repite como protagonista en el bando de los chicos. Lazlo es un mago de segunda fila acosado por una extraña enfermedad que convierte su cuerpo en moco verde poco a poco, a no ser que encuentre un objeto de poder con forma de brazalete. Pero mira por donde, Bélor también quiere el mismo cachivache para sus cosas de bruja, así que se dedican a perseguirlo ambos, pero esta vez no por el laberinto original, sino por un mundo que se llama el Tiempo Delta, que es un lugar donde los personajes literarios existen en realidad. Y así, los protagonistas buscarán su cura entre las páginas del Dr. Jekyll o del fantasma de la ópera. Como se aprecia, para no perder la etiqueta de educativa y seguir exprimiendo la idea, se retuercen las situaciones y se hace encaje de bolillos con el guión.

Es evidente que si uno intenta llevar a la pantalla este tipo de historias de fantasía, necesita un apoyo potente de efectos especiales. Aquí es donde peor, como era de esperar, le sienta a la serie el paso del tiempo. En estos días en los que cualquier producción, por modesta que sea, tiene unos efectos digitales que nos hacen abrir la boca ante la espectacularidad de lo que vemos, nos chirrían sobremanera esos cromas temblorosos y no bien cuadrados o esos efectos luminosos que parecen sacados de un programa musical tan de la época que parece que de un momento a otro van a entrar en escena los componentes del Ballet Aplauso, amén de que los rayos con los que se lanzan los hechizos se alejan de otras tecnologías de más presupuesto como las de “La guerra de las Galaxias” y se parecen más a los que empleaba Poti-Poti en “Los Aurones”. Mención aparte merecen los duelos de Rothgo y una Bélor descalza en un escenario con fondo de estrellas que parece una postal de la visita a un planetario.

Asimismo, la acción se supone que ocurre toda (menos unos minutos la principio y otros al final de cada temporada)  dentro de la caverna, lo que contribuye de manera excelente a crear un clima opresivo que es seña de identidad  de la serie. Pero sin embargo, el atrezo parece, visto con ojos de hoy en día, un catálogo de los chinos de un barrio cualquiera, con espada de plástico, relojes toscos,  o rocas que se suponen que pesan toneladas y que un extra mueve al tropezar con ellas al entrar a escena. Se rodaba rápido y barato, al estilo “niño entra a tu marca más despacio y no me rompas ese cactus de poliespán que la semana que viene aquí hacemos una peli sobre Pancho Villa y se va a reutilizar casi todo”. Eso sí el potente guión y el buen trabajo de los actores  a veces conseguía ponerse de puntillas sobre los frágiles efectos visuales y asustarnos de verdad. Por ejemplo, en varios episodios superponen la imagen de Bélor y de una Calavera y aún hoy en día no puedo evitar que un escalofrío recorra mi espalda cuando veo la imagen.

Cabe destacar que hay dos elementos que daban una personalidad tremenda. Una eran las imágenes de la intro de la cortinilla final de cada episodio, que nos mostraban el recorrido de una cámara con una moderna antorcha de luz iluminando por las impresionantes cuevas de Cheddar, donde , por ejemplo, se encontraron los restos humanos más antiguos de Reino Unido. En su interior, las balsas de agua conviven con unas impresionantes estalactitas y estalagmitas, al estilo de, por ejemplo, la cueva del Soplao, en Cantabria, que cuando la visité me pasé todo el rato con el corazón en un puño esperando que asomara una bruja de oscura melena. Las de Cheddar se pueden visitar hoy en día e incluso hacen fiestas navideñas:

https://www.cheddargorge.co.uk/

Y el segundo elemento que aportaba un tremendo aplomo al desarrollo era su música, obra de Sidney Sager, una extraña mezcla tremendamente efectiva . Especialmente destacable, es el tema de la intro que veíamos al principio, pero el peso de la partitura en la trama es enorme, y la sintonía suena casi constantemente acompañando perfectamente a la acción. Siempre he pensado que el opening sería el tono que tendría un Drácula hypster en su móvil.

La serie la emitió TVE la tarde de los viernes y posteriormente la FORTA repuso la tercera temporada. Sea como fuere, en años y años, me ha sido imposible localizarla con doblaje en nuestro idioma, más allá de algún fragmento suelto. De hecho, para nuestra conciencia colectiva naciente de los primeros tiempos de internet era como si nunca hubiera existido. Apenas había referencia alguna que, en los tiempos del modem de 56ks, ligase mis recuerdos de niño con aquellas primitivas páginas webs. Y además preguntabas a gente de tu misma generación y no la recordaban, debían de encontrarse bajo el influjo de algún hechizo de Bélor para que su derrota fuera olvidada. Afortunadamente, tenía el testimonio de mis hermanos recordando lo mucho que les di durante años el coñazo con cosas como modificar la espada de mi primera comunión para que se pareciera a la de la que portaba Rothgo o buscar reflejos brillantes por la casa con el espejo que usaba mi madre para maquillarse, para acabar abalanzándome sobre el paragüero de latón gritando “¡reclamo el Nidus!”, asustando de paso a las visitas. Al fin, con el cambio de siglo, alguna primitiva web británica y otra polaca hablaban de ella. Un par de años más tarde, un pirata profesional de EEUU al que acabé dirigido por un amigo al que él le había mandado un catálogo postal de series para vender, incluía las tres temporadas entre sus fotocopias. Me pasé un mes esperando los vhs, de una calidad infame, porque eran copia de una copia de una copia, y además en blanco y negro por la diferencia de forma de gestionar el color entre el PAL y NTSC. Intenté buscar sin éxito un convertidor a sistema europeo e incluso conté con la colaboración de un chaval que se hizo en coche los mil kilómetros que separan Barcelona de mi casa para recoger en mano las cintas y tratar de pasarlas a su original color apagado británico, sin obtener nada de éxito a pesar de lo mucho que lo intentó. Un tiempo después, mi pirata americano, como buen camello capitalista que sabe lo que demandan sus clientes, me ofreció otra copia en dvd sin región, por una pequeña fortuna. Piqué, claro. Fue una gozada recuperar aquellas sensaciones infantiles que sorprendentemente estaban allí, aunque yo anduviera ya treintañero y parase de vez en cuando la reproducción porque lloraba mi primer bebé. Otro Torres más asustado por Bélor.

Anuncié en un foro que si alguien buscaba la serie yo tenía una copia, y unas ocho o diez personas me la pidieron. Bien, no estaba solo, el recuerdo es una especie de tela de araña y empezaron a tejerse unos cuantos hilos también en nuestro país. En 2008, Amazon puso a la venta el DVD, lamentablemente aún sin recoger el idioma español.


Cuando me llegó la edición, original, tan bonita, sentí de inmediato cierta nostalgia por aquellos vhs de carátula fotocopiada. Actualmente son varias webs las que recogen reseñas e incluso tiene una entrada en nuestro idioma en la wikipedia. Por cierto, en 2014, un usuario con el apropiado nombre de TheNidus, subió a Youtube las tres temporadas en V.O.. Aquí tenéis el enlace:

El éxito fugaz de Dentro del laberinto dio para llegar a una práctica relativamente habitual en aquellos años, la de invertir el camino natural de las palabras que se transforman en imágenes, es decir, mientras que lo habitual sigue siendo que sean las novelas las que se transforman en películas o series, a principios de los ochenta se editaba el guión adaptado a un libro. Con un poco de paciencia, es relativamente fácil de encontrar.

Así que ya sabéis, sin un día veis (obligados, por supuesto) la primera película de Bridget Jones, y os suena el ligue gay del amigo de Bridget y no sabéis por qué os lo imagináis con una espada mágica, o al entrar en una visita turística en una cueva no podéis dejar de mirar si en el suelo las rocas forman una alguna especie de laberinto,es que sin duda aún andáis de alguna manera atrapados en los ecos de la lucha infinita entre el mal y el bien.

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6 respuestas a Dentro del Laberinto: La serie

  1. ¡Me perdí esta serie en su momento! Pero me has picado mucho para verla. Suerte que esté en Youtube, hay que aprovechar y descargarla. ¡Un placer leerte por aquí Juanfra!

  2. Recuerdo la serie gracias a un episodio concreto con el mago de cocinero en un castillo y una bandeja de pasteles, creo que era…

  3. Bien resguardado para que no se manche, piel de cuero, pluma de ganso…
    Algo así decía en español, DekaBlack. Es el 3×04, de los pocos que hay conservados en español, puedes verlo en versión original en el enlace de Youtube del artículo

  4. El episodio al que haces referencia es el 3×04. Lazlo busca el escarabajo para el brazalete usando un acertijo «bien reservado para que no se moje, piel de cerdo, pluma de ganso» o algo así. Tienes el enlace en el texto del artículo, por si te apetece verlo (en versión original)

  5. Joer, esto tengo que revisarlo bien. Al leer el título he pensado «¡pues claro que recuerdo la serie Dentro del Laberinto!», pero luego me pongo a leer el artículo y ver la intro de la serie y no me suena de nada. Pero hay algo en mi cabeza que me repite una y otra vez «¡que sí Zael copón! ¡Haz memoria!»

  6. Mi serie favorita de los 80, estaba muy enganchado a ella y no me perdía ningún capítulo.

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