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Helados de nuestra vida: el helado de pitufo

· Nuria Ferrer

Bola de helado de pitufo de color azul intenso servida en tarrina

Hubo un sabor de heladería que nunca tuvo marca, ni campaña, ni envase. Existía solo en la cubeta, identificado por un color que no se parecía a ninguna fruta: el azul del helado de pitufo.

Un color antes que un sabor

El nombre venía del tono y de nada más. Ninguna licencia, ninguna relación con la serie, ningún personaje en el cartel. Bastaba con que el azul fuera lo bastante saturado como para destacar entre la vainilla y el chocolate para que cualquier niño lo identificara al instante.

Lo que venía después era más difícil de resolver. Nadie sabía a qué sabía. En los recreos se formaban bandos: quienes defendían un fondo de frutas del bosque y quienes sostenían que no se parecía a nada conocido. La discusión no tenía salida posible, y la razón es sencilla: no había una única respuesta correcta.

Por qué cada heladería tenía el suyo

El helado de pitufo no era un producto industrial distribuido con una fórmula cerrada. Era una elaboración artesanal, y la receta cambiaba de un establecimiento a otro. Eso explica a la vez las discrepancias sobre el sabor y el hecho de que no estuviera disponible en cualquier sitio.

Su escasez le daba además un valor añadido. Una heladería con sabor de pitufo se convertía automáticamente en un destino, por poca variedad que tuviera en el resto de la cubeta y por regular que fuese el trato. La condición de sitio selecto no dependía de la calidad general, sino de tener ese color.

Entre los obradores con más oficio, la bola llegaba sembrada de virutas de colores sin que hiciera falta pedirlas, y en los establecimientos más caros aparecían pequeñas bolitas blancas de adorno. Se servía en tarrina o en cono, y el pedido funcionaba como una declaración: quien lo pedía sabía lo que quería.

Circulaba también una teoría de patio que trataba de explicar el misterio: el sabor de pitufo sería la mezcla de todos los helados disponibles. Nunca cuadró del todo, pero tenía dos apoyos razonables. Justificaba las variaciones entre heladerías y explicaba por qué de vez en cuando aparecía un tropezón de naranja o de frutas del bosque donde no tocaba, cosa que también puede atribuirse sin dificultad a una cuchara mal enjuagada.

Los oficiales que no funcionaron

Cuando los personajes volvieron a estar de actualidad llegaron los helados con licencia: cremosos, con palo y con la imagen de la serie en el envoltorio. No tenían nada que ver con el helado azul de heladería, y el público que podría haberlos comprado por nostalgia los ignoró por completo. El producto que la gente recordaba no era una marca, sino una cubeta.

Todavía quedan establecimientos que lo sirven. Se ha localizado, entre otros, en una heladería pequeña de Alicante, del tipo que sostiene sabores antiguos porque su clientela los sigue pidiendo.

La versión casera

Para reproducirlo en casa circula una receta a base de golosinas, que resuelve el color y el dulzor de una sola vez:

  • 200 gramos de nubes de pitufo, del tipo que venden las marcas de golosinas en bolsa
  • 150 ml de leche
  • 200 gramos de nata montada muy fría

Se calienta la leche en un cazo un par de minutos y se añaden las nubes, removiendo hasta que se disuelvan por completo. La mezcla reposa un cuarto de hora antes de incorporar la nata montada, que se integra removiendo con paciencia hasta obtener un color uniforme. Después, al congelador un mínimo de una hora.

El resultado depende mucho de las golosinas empleadas: con marcas blancas el azul tiende a quedarse en un tono pálido bastante alejado del original. Merece la pena reservar unas cuantas nubes enteras para servirlas junto al helado, que es como se presentaba en las heladerías que se lo tomaban en serio.

Preguntas frecuentes

¿A qué sabe el helado de pitufo?

No hay una respuesta única, y ese es precisamente su rasgo distintivo: nunca fue un producto industrial con fórmula fija, sino una elaboración artesanal cuya receta variaba de una heladería a otra. Las descripciones más habituales lo acercan a las frutas del bosque, pero conviven con muchas otras.

¿Por qué se llama helado de pitufo?

Únicamente por el color. El azul intenso lo asoció de inmediato con los personajes de la serie, sin que existiera ninguna licencia ni relación comercial con la marca.

¿Los helados oficiales de Los Pitufos eran lo mismo?

No. Más adelante llegaron helados con licencia oficial de los personajes, cremosos y con palo, que no tenían nada que ver con el helado azul de heladería y pasaron sin dejar rastro.

¿Todavía se puede encontrar?

En heladerías artesanales aisladas, sí. Se ha localizado, por ejemplo, en un establecimiento pequeño de Alicante, y sobreviven recetas caseras que lo reproducen a partir de golosinas de nube azul.