Ruinas: el cómic en el que Warren Ellis apagó el universo Marvel
· Nuria Ferrer
Ruinas se abre con una serie de frases que funcionan como declaración de método antes de que empiece la historia. La idea que sostienen es simple: por cada suceso existe un suceso alternativo, una posibilidad exactamente opuesta, y la distancia entre un mundo de prodigios y un mundo en ruinas cabe en un paso en falso.
Es un What If, la etiqueta con la que Marvel publica sus realidades alternativas. Se editó en 1995 en dos números, con guion de Warren Ellis y con Terese Nielsen, Clif Nielsen y Chris Moeller al dibujo y al color.
El pacto que todo lector de superhéroes firma
Los universos de superhéroes funcionan sobre un acuerdo tácito y bastante frágil. El lector acepta que una explosión nuclear convierta a un hombre en una criatura verde de fuerza descomunal, que la picadura de una araña radiactiva otorgue capacidades imposibles y que un accidente de coche sea el primer paso para convertirse en hechicero supremo.
Ese acuerdo no es ingenuidad. Es la condición de posibilidad del género, y lo que ofrece a cambio está en el otro lado de la página: la certeza razonable de que el Capitán América frustrará los planes del Doctor Muerte y de que el tren descarrilado no llegará a descarrilar. La frase que el lector se repite sin decirla en voz alta es que el héroe lo va a conseguir porque es el héroe, y eso es inevitable.
Qué ocurre cuando se retira la protección
Ruinas retira exactamente esa cláusula. No es una historia de derrota heroica ni un relato de villanos victoriosos, que es un subgénero perfectamente establecido y con reglas propias. Es algo más incómodo: el universo Marvel sometido a la física, la medicina y la burocracia del mundo que lo inventó.
En ese marco, los accidentes fundacionales del catálogo dejan de ser puertas de entrada a una vida extraordinaria y vuelven a ser lo que son sobre el papel: exposiciones a radiación, traumatismos, mutaciones sin control. El cómic sigue el hilo verosímil en lugar del hilo narrativo, y el resultado tiene poco que ver con una tragedia superheroica al uso, porque no hay épica en el desenlace. Solo consecuencias.
El detalle de construcción que hace que funcione es que Ellis no inventa desgracias nuevas. Toma los orígenes tal como están escritos, letra por letra, y se limita a no concederles la excepción que los convirtió en mitología.
Por qué el formato importa
Dos números es una extensión llamativamente corta para una premisa así, y probablemente es la correcta. La idea de Ruinas no admite desarrollo largo: una vez establecida la regla, cada página adicional confirma lo mismo con un personaje distinto, y el efecto se agota. Con la extensión que tiene, el cómic llega al final de su propio planteamiento sin convertirse en un catálogo.
El apartado gráfico acompaña esa decisión. El acabado pictórico de Terese Nielsen, Clif Nielsen y Chris Moeller aleja la obra del dibujo de línea clara asociado al género y la acerca al registro del reportaje ilustrado, que es justamente el tono que la premisa necesita.
Su lugar en la bibliografía de Ellis
Ruinas aparece en un momento en el que Warren Ellis estaba definiendo la voz que después desarrollaría en trabajos mucho más conocidos: el interés por las consecuencias materiales de las premisas fantásticas, la desconfianza hacia el heroísmo como categoría y una prosa que no pide permiso.
Para el lector que llega desde esos títulos posteriores, este es un buen sitio para ver el mecanismo en su forma más desnuda. Y para el lector de superhéroes que no ha pasado por aquí, es un ejercicio útil por una razón concreta: enseña, con nombres propios y en dos números, cuánto trabajo hace la convención del género para que las historias que uno da por descontadas puedan terminar bien.