Recalbox 4.0: la distro de emulación para Raspberry Pi
· Sergio Roldán
De todas las distribuciones pensadas para convertir una Raspberry Pi en una máquina de emulación, Recalbox es la que mejor ha resuelto el problema que echa atrás a la mayoría de la gente: la puesta en marcha. Tras cinco versiones beta que ya funcionaban con solvencia, el proyecto publicó su versión 4.0 estable.
Instalación en tres pasos
El procedimiento completo cabe en tres líneas:
- Descargar de la página oficial del proyecto el archivo .zip correspondiente al modelo de placa.
- Descomprimirlo directamente en la tarjeta SD.
- Insertar la tarjeta en la Raspberry Pi y encender.
No hay imagen que grabar con herramientas específicas, ni configuración previa, ni un primer arranque en modo texto. Al encender aparece directamente el frontend con las máquinas disponibles en el televisor.
Lo que hace falta reunir antes de empezar es igual de corto: la placa, una tarjeta SD con capacidad suficiente para el sistema y el contenido que se le vaya a añadir, un cable HDMI y un mando, ya sea USB o por Bluetooth. Nada de eso es específico de esta distribución, así que un montaje anterior se puede reaprovechar entero.
La interfaz web: bios y roms sin tocar la tarjeta
El apartado que más trabajo ahorra es la interfaz web, accesible desde cualquier navegador de un equipo conectado a la misma red local. Desde ahí se gestiona el contenido del sistema arrastrando y soltando archivos, lo que afecta a las dos tareas que suelen dar problemas.
La primera son las bios. Varios emuladores no funcionan sin el archivo de bios correspondiente a la máquina que reproducen, y en configuraciones más manuales eso implica apagar el equipo, sacar la tarjeta, copiar los archivos en la carpeta exacta y volver a montarlo todo. Con la interfaz web el proceso se reduce a soltar el archivo en el navegador, con el sistema en marcha.
La segunda son las roms, que siguen el mismo camino y quedan disponibles sin reiniciar. El frontend detecta las máquinas para las que hay contenido y las muestra en el menú.
Mandos virtuales para salir del paso
Otra función práctica: cualquier móvil o tablet de la red local puede usarse como mando adicional. Es un mando táctil y no sustituye a un pad físico para nada que exija precisión, pero resuelve la situación clásica de tener tres jugadores y dos mandos.
Recalbox o RetroPie
La comparación inevitable es con RetroPie, y conviene ser honesto: en el uso diario las dos son prácticamente idénticas. Ambas emplean EmulationStation como frontend y RetroArch como emulador principal, así que la experiencia una vez configurado el sistema es la misma.
Las diferencias están en el camino hasta ese punto:
- Preparación de la SD. Es donde la distancia se nota más. Descomprimir un zip frente a grabar una imagen y ajustar la instalación no es lo mismo para quien no se maneja con soltura.
- Interfaz web. RetroPie comparte la carpeta de roms en la red local, que resuelve el mismo problema por otra vía, pero la gestión desde navegador es más directa para bios y configuración.
- Mandos virtuales. Disponibles en ambas, aunque en Recalbox forman parte del planteamiento de serie.
- Favoritos. Una función menor sobre el papel que, entre usuarios que llevaban tiempo con RetroPie, ha bastado para justificar el cambio.
Ninguna de las dos es objetivamente superior. RetroPie ofrece más margen de personalización a quien disfruta configurando; Recalbox está pensada para quien quiere jugar esa misma tarde.
Para quién tiene sentido
Si la Raspberry Pi lleva meses en un cajón porque el montaje anterior se quedó a medias, Recalbox es la vía más corta para recuperarla. Y si nunca se ha probado ninguna distribución de este tipo, el coste de intentarlo es una tarjeta SD y diez minutos.