Historias de la cripta: el regreso con Shyamalan que nunca llegó
· Nuria Ferrer
En su momento se anunció que TNT preparaba una nueva temporada de Historias de la cripta con M. Night Shyamalan al frente, un nombre que reparte opiniones en partes iguales entre el público del género. La cadena presentó el proyecto, hubo material promocional y hubo declaraciones del propio Shyamalan recordando su relación con la serie original.
No se emitió nunca. Y las razones por las que no se emitió explican bastante bien qué tenía de particular el original.
Un títere y siete temporadas
La serie que HBO produjo entre 1989 y 1996 sumó siete temporadas de relatos independientes, presentados en cada capítulo por el Guardián de la Cripta, un títere con la voz de John Kassir cuya función era exactamente la de los presentadores de los tebeos de los que salía: introducir la historia con un juego de palabras, cerrarla con otro y no intervenir en nada más.
Ese formato tenía una ventaja de producción enorme. Sin continuidad entre episodios, cada capítulo podía cambiar de tono, de época, de director y de reparto sin romper nada, y la serie lo aprovechó para atraer a nombres que no habrían firmado una temporada completa. La cabecera, con música de Danny Elfman, hacía el resto del trabajo de identidad.
El material de origen y el Código
El fondo de armario venía de los cómics que EC Comics publicó en la primera mitad de los cincuenta: Tales from the Crypt, The Vault of Horror, The Haunt of Fear y compañía. Aquellos tebeos son la razón por la que existe este título y también la razón por la que su historia es complicada.
La campaña contra los cómics de terror en Estados Unidos, articulada en torno a la idea de que aquel material corrompía a los lectores jóvenes, desembocó en 1954 en el Comics Code Authority, un sistema de autocensura que en la práctica liquidó la línea. EC sobrevivió reconvertida, pero sus cabeceras de terror desaparecieron.
Que la adaptación televisiva llegara treinta y cinco años después y en una cadena de pago no es casualidad: el formato necesitaba un canal sin las restricciones de contenido de la televisión en abierto para poder respetar el tono del original.
Por qué el regreso se atascó
El obstáculo que frenó la producción de TNT no fue creativo. Los derechos de la propiedad están repartidos desde hace décadas entre varias partes, y ese reparto convierte cualquier producción nueva en una negociación previa larga y con resultado incierto. Es un problema que ha reaparecido cada vez que alguien ha intentado retomar el título.
Hay además una cuestión de formato. La antología semanal con presentador funcionaba en una parrilla donde el espectador llegaba a la misma hora sin saber qué le iban a poner. La ficción actual se produce en temporadas cerradas, se publica con frecuencia de golpe y se consume en bloque, y en ese modelo la figura del maestro de ceremonias que enlaza relatos sueltos pierde la función que tenía.
La ventaja de no tener continuidad
Hay un detalle de la serie original que suele pasarse por alto y que explica su longevidad: al no existir arco general, cada episodio podía fallar sin arrastrar a los demás. Una antología admite capítulos flojos con un coste bajísimo, porque el espectador que no conecta con uno vuelve la semana siguiente a una propuesta distinta. Una ficción serializada no tiene ese margen.
Ese diseño también permitía cambiar de registro sin dar explicaciones. El mismo título podía firmar un capítulo de humor negro puro y a la semana siguiente uno de terror sin concesiones, y ninguna de las dos cosas rompía la coherencia del conjunto, porque la única coherencia que se había prometido era la del presentador y la de la cabecera.
Lo que sigue en pie
El anuncio de TNT es hoy una nota al pie, pero el material original no ha perdido nada. Las siete temporadas están ahí, y su punto fuerte es justo el que ningún revival puede replicar por decreto: la libertad absoluta de un formato en el que cada capítulo puede ser una comedia negra, un cuento de venganza o una pieza de terror seco, sin tener que preparar el terreno para el siguiente.
Quien busque el original lo encontrará con facilidad. Quien busque el regreso de Shyamalan seguirá sin encontrarlo, porque no existe.