RetroMadrid 2017: la feria vuelve a los orígenes
· Nuria Ferrer
RetroMadrid, la feria de referencia del retro en España, celebró su edición de 2017 el sábado 29 y el domingo 30 de abril en el Espacio Cultural Daoíz y Velarde.
Un cambio de espacio con intención
La organización planteó aquella convocatoria como una vuelta a los orígenes, y el cambio de sede formaba parte del mensaje. Después de años de crecimiento, con las complicaciones logísticas que eso arrastra, la edición se replanteó alrededor de lo que sostiene realmente una feria de estas características: las máquinas, la gente que las trae y la posibilidad de sentarse delante de ellas sin prisa.
Ese giro no es exclusivo de RetroMadrid. Las ferias del sector suelen pasar por una fase de expansión en la que el espacio expositivo crece más rápido que el contenido, y la corrección posterior casi siempre consiste en reducir superficie para ganar densidad.
Por qué RetroMadrid marca el calendario
Durante años, RetroMadrid ha funcionado como la cita que ordena el resto del calendario nacional. Es donde coinciden las asociaciones, los coleccionistas que sacan sus equipos del trastero una vez al año, los desarrolladores de la escena homebrew que llevan copias físicas para vender de forma directa y el público general que se acerca sin más plan que probar.
Esa concentración tiene un efecto práctico para el aficionado que solo puede permitirse un viaje al año: en un fin de semana se ve lo que de otra manera exigiría recorrer media España durante meses.
Qué se encuentra en un fin de semana de feria
El formato de estas convocatorias está bastante asentado y explica por qué funcionan mejor cuanto menos se estiran. El grueso del recinto lo ocupan las máquinas disponibles para jugar, cedidas casi siempre por asociaciones y coleccionistas particulares que las trasladan, las montan y las mantienen durante los dos días.
Alrededor de esa zona se articula el resto: los puestos donde cambia de manos el material de segunda mano, las mesas de los desarrolladores de la escena homebrew que venden sus ediciones físicas de forma directa y las actividades programadas, de charlas a torneos, que van marcando el ritmo de la jornada.
El equilibrio entre esas partes es justamente lo que se discute cada año. Cuando el espacio crece por encima del contenido disponible, la superficie se rellena con expositores que poco tienen que ver con el motivo por el que la gente ha ido, y ahí es donde una feria empieza a parecerse a cualquier otra.
El resto del calendario de aquel año
La cita madrileña no era la única del año. Apenas tres semanas después, el 20 de mayo, estaba prevista Retropolis en Valencia, en un calendario que por entonces ya repartía convocatorias por varias comunidades a lo largo de la temporada.
Esa multiplicación de ferias regionales fue una de las consecuencias más visibles del crecimiento del interés por el retro en la segunda mitad de la década: dejó de ser necesario esperar a la cita grande para encontrarse con gente que comparte la afición.
Para las asociaciones que participan, además, la feria funciona como punto de encuentro anual: es donde se cierran intercambios, se coordinan proyectos y se recluta gente nueva, cosas que el resto del año ocurren a través de foros y listas de correo con mucha menos eficacia.
Información de la edición
La organización mantiene los detalles de cada convocatoria, incluidos horarios, expositores y actividades, en su web oficial, retromadrid.org. Para la edición de 2017, la información disponible apuntaba a un fin de semana completo de actividad en el recinto de Daoíz y Velarde, con la programación habitual de la feria repartida entre los dos días.
Quien no pudiera acercarse a Madrid ese fin de semana tenía en Valencia la alternativa más inmediata del calendario, y a partir de ahí el resto de convocatorias que se fueron sumando a lo largo del año.