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Dentro del laberinto: la serie que educó asustando

· Nuria Ferrer

Fotograma de la serie Dentro del laberinto, con el mago Rothgo en la caverna

El 10 de junio de 2015 falleció en Londres el actor británico Ron Moody, a los 91 años. La noticia apareció en la prensa europea, y para una franja muy concreta de espectadores españoles significaba algo más que la muerte de un intérprete nominado al Oscar: era el mago Rothgo, custodio del Nidus y enemigo declarado de la bruja Bélor.

Los dos nombres bastan para activar el recuerdo en quien creció viendo Dentro del laberinto los viernes por la tarde. El resto, empezando por la sintonía, viene detrás.

Una producción de la HTV con vocación educativa

A principios de los ochenta lo educativo vendía. Desde el ZX Spectrum hasta series como Érase una vez el hombre, la ventana que los padres abrían de buena gana era la de un contenido que entretenía y enseñaba a la vez, y esa fórmula resultó ser rentable además de eficaz.

Entre 1980 y 1982, la cadena británica HTV grabó Into the Labyrinth bajo la dirección y producción de Peter Graham Scott, que venía de una propuesta parecida, Children of the Stones. En los guiones participó Bob Baker, conocido más adelante por su trabajo en Wallace y Gromit y que por entonces llegaba con episodios de Doctor Who en el currículum, una influencia que se nota en el resultado.

El título español, Dentro del laberinto, se presta a una confusión frecuente: no tiene ninguna relación con la película protagonizada por David Bowie y Jennifer Connelly, estrenada años después.

El laberinto es una mente

El planteamiento es más elegante de lo que suele recordarse. El laberinto del título no es un escenario: es la mente de Rothgo, un espacio físico formado por los recuerdos de milenios de vida del mago, al que él mismo se refiere como los caminos de su mente.

Rothgo es inmortal mientras el Nidus esté cerca. Cuando Bélor decide hacerse con esa fuente de poder, el mago la esconde en el único lugar que puede custodiarla. La bruja no puede tocar el objeto mientras su enemigo siga vivo, así que adopta la estrategia contraria: alejarlo de él a través del espacio y el tiempo hasta que la conexión se rompa y el guardián se apague.

Ese arco argumental es también la coartada perfecta para el objetivo educativo. Persiguiendo el Nidus, la trama recorre la Revolución Francesa, el gran incendio de Londres, la conquista española de América o la resistencia de El Álamo, y el espectador infantil aprendía historia sin darse cuenta de que estaba en clase.

Rothgo, Bélor y los tres niños

Para encarnar al mago se eligió a Ron Moody, actor de larga trayectoria teatral, un vozarrón adecuado y una mirada que sostenía el personaje. La producción lo vistió con una especie de sotana negra que reforzaba la solemnidad del enfrentamiento entre el bien y el mal.

Enfrente, Pamela Salem, que venía de interpretar a Moneypenny en el universo de James Bond, construyó una Bélor temible y fascinante, también vestida de negro de arriba abajo. Su ventaja dramática es notable: además de viajar físicamente por el laberinto disfrazada según la época, puede poseer a cualquier personaje secundario, lo que multiplica los registros del papel.

Los tres niños que ayudan al mago son Phil (Simon Beal), el mayor y más responsable, y los hermanos Terry (Simon Henderson) y Helen (Lisa Turner). Beal cambió después su nombre artístico por Charlie Caine y ha aparecido como secundario en varias películas; Turner acumula una filmografía extensa en series británicas como Doctors o Bad Girls.

El primer episodio los reúne a la entrada de una cueva en la que buscan refugio de la lluvia. Dentro escuchan una voz débil pidiendo ayuda y encuentran a un hombre atrapado bajo una roca enorme. Lejos de agradecer la aparición, el mago lamenta haber gastado su energía para atraer solo a unos niños, y acaba convenciéndolos de que levanten la piedra canalizando su poder a través de ellos. Funciona, y de ahí salen la explicación del Nidus, la advertencia sobre Bélor y unos hábitos de monje a modo de uniforme.

Las reglas del juego

Preguntado por la forma del objeto que deben buscar, Rothgo da la respuesta que sostiene toda la serie: el Nidus no tiene dimensiones ni materiales definidos. Suele ser metálico y solo puede identificarse por su reflejo, que muestra un brillo intenso en cualquier superficie pulida. Al localizarlo, los niños deben rodearlo y concentrarse en la imagen de los ojos del mago para volver.

Bélor tenía su propia frase, y funcionaba como cierre de episodio: «¡Os niego el Nidus!». Con ella llegaba la carcajada de rigor y los niños empezaban a girar en espiral hacia otro punto del tiempo, con la historia en suspenso durante siete días.

En cada época encuentran una encarnación pasada del mago, bastante menos poderosa que la actual, lo que permitió a Moody desfilar como sacerdote egipcio, griego clásico, hechicero artúrico, tejano o vikingo.

Tres temporadas muy desiguales

La serie se dividió en tres temporadas de siete episodios cada una.

La primera presenta a los personajes y cierra con el Nidus devuelto a Rothgo in extremis y Bélor confinada en una roca. La segunda es, para buena parte de sus seguidores, la mejor: la bruja resucita e intenta reunir las fuerzas del mal alrededor de un objeto simétrico al Nidus, el Ambélor. En el enfrentamiento, el artefacto oscuro queda destruido, pero el Nidus se parte en cinco fragmentos que se dispersan por el laberinto, y la búsqueda de un solo objeto se convierte en la de cinco, que al grito de «¡Reclamo el Nidus!» se agrupan formando un collar alrededor del cuello de Helen.

La tercera existe oficialmente y conviene tomarla con distancia. Rothgo no aparece: lo sustituye Lazlo (Chris Harris), un mago de segunda fila con melena ochentera y un tono cómico que le sienta mal a la propuesta. Solo Phil, ya crecido, repite en el bando de los niños. La trama gira alrededor de una enfermedad que convierte el cuerpo de Lazlo en una masa verde y de un brazalete que puede curarlo, y se desarrolla en el Tiempo Delta, un mundo donde los personajes literarios existen de verdad, del doctor Jekyll al fantasma de la ópera. La etiqueta educativa se mantiene a base de retorcer las situaciones.

Efectos de su época, y dos aciertos que aguantan

Los efectos especiales son lo que peor ha envejecido. Los cromas tiemblan y no encajan, los rayos de los hechizos quedan lejos de lo que hacían producciones con más presupuesto y los duelos entre Rothgo y Bélor sobre un fondo de estrellas recuerdan a una postal de planetario. El atrezo tampoco resiste una mirada actual: espadas de plástico y rocas supuestamente descomunales que un extra desplaza al tropezar con ellas.

Que la serie siga funcionando pese a eso se debe a dos aciertos. El primero es el confinamiento: casi toda la acción transcurre dentro de la caverna, y ese encierro genera un clima opresivo que es la seña de identidad de la producción. Las imágenes de la cabecera y del cierre se rodaron en las cuevas de Cheddar, donde se encontraron los restos humanos más antiguos del Reino Unido y que hoy se pueden visitar.

El segundo es la música de Sidney Sager. La partitura no acompaña, conduce: suena casi de forma continua durante los episodios, y el tema de la cabecera, con sus sintetizadores y la voz de una soprano, es lo primero que recuerda cualquiera que viera la serie de niño.

La odisea de recuperarla

Durante años, Dentro del laberinto fue prácticamente inencontrable en España. TVE la emitió los viernes por la tarde y la FORTA repuso la tercera temporada, pero el doblaje castellano no ha vuelto a aparecer más allá de fragmentos sueltos, y en los primeros años de internet apenas existían referencias que conectaran el recuerdo infantil con alguna página web.

El rastro se fue reconstruyendo por partes. Primero, un par de webs británicas y una polaca al cambio de siglo. Después, copias en VHS de pésima calidad que circulaban por correo desde Estados Unidos, en blanco y negro por la incompatibilidad entre PAL y NTSC y sin conversión posible pese a los intentos. Más tarde, ediciones en DVD sin código de región vendidas por los mismos canales.

En 2008 llegó por fin la edición comercial en DVD a través de Amazon, todavía sin español, y en 2014 un usuario que se hacía llamar TheNidus subió las tres temporadas en versión original a YouTube. Hoy la serie tiene entrada en la Wikipedia en castellano y varias webs con reseñas.

Queda una curiosidad de la época: el éxito de la serie dio pie a la práctica inversa a la habitual, la de convertir el guion en novela en lugar de adaptar un libro a la pantalla. Con algo de paciencia, ese volumen todavía se localiza.

Preguntas frecuentes

¿Qué era Dentro del laberinto?

Una serie británica de fantasía producida por la HTV entre 1980 y 1982 bajo el título original Into the Labyrinth. En España la emitió TVE los viernes por la tarde, y no debe confundirse con la película Labyrinth de David Bowie y Jennifer Connelly, posterior y sin relación.

¿Cuántas temporadas tuvo y cómo eran?

Tres temporadas de siete episodios. Las dos primeras, con Ron Moody como el mago Rothgo, son las que sostienen la reputación de la serie; la tercera prescinde del personaje y baja de nivel de forma notable.

¿Qué era el Nidus?

El objeto de poder que Rothgo custodia. No tiene forma ni material fijos, suele ser metálico y solo puede reconocerse por el brillo intenso de su reflejo en una superficie pulida.

¿Dónde se puede ver hoy?

El DVD salió a la venta en 2008, sin doblaje al español, y en 2014 un usuario subió las tres temporadas en versión original a YouTube. Localizar el doblaje castellano que emitió TVE sigue siendo prácticamente imposible más allá de fragmentos sueltos.