Casinos en línea como alternativa de entretenimiento
· Marta Vidal
En la primavera de 2020, con medio país buscando distracciones desde el sofá, los servicios de entretenimiento digital echaban humo: Netflix en el terreno del vídeo, y Steam, GOG, PlayStation Store o Xbox Live en el de los videojuegos. Pero el ocio en línea no se agotaba en películas, series y consolas.
Los casinos en línea llevaban años creciendo como un servicio más de entretenimiento a través de Internet, tanto para quien sentía curiosidad por probar la experiencia como para quien ya conocía este tipo de plataformas. Y dentro de esa oferta, la fórmula que más atención despertaba entre los recién llegados era la del bono sin depósito.
El bono sin depósito, explicado
El concepto es sencillo. Un bono sin depósito consiste en que el casino entrega un saldo inicial sin exigir ningún pago por adelantado ni comprometer pagos posteriores. Para el jugador que solo quiere ver cómo funcionan los juegos reales de una plataforma, es la única manera de comprobarlo sin gastar dinero propio.
La comparación con las promociones habituales explica su atractivo. La mayoría de los casinos, o bien no ofrecía forma alguna de prueba gratuita, o bien la planteaba con condiciones poco claras: recargar el saldo de la cuenta nueva para recibir un pequeño extra de regalo, o recibir un obsequio directo en la cuenta cuya retirada exigía validar el registro y, para ello, efectuar una recarga. Quien probó suerte con ese tipo de ofertas solía acabar con un pequeño chasco.
Con un bono inicial directo, en cambio, los fondos quedan disponibles desde el primer momento. Eso permite conocer el catálogo real de juegos y su funcionamiento antes de decidir si la experiencia merece la pena, sin depositar un solo céntimo por el camino.
En aquel momento, 888 llegó a ofrecer bonos de 20 euros de este tipo, una promoción de duración no anunciada que daba acceso a toda su plataforma: ruleta, blackjack, juegos de mesa y una selección de títulos licenciados exclusivos de su web, entre ellos uno dedicado a Pesadilla en Elm Street que hizo especial gracia a los seguidores de Freddy Krueger.
Un real decreto en el horizonte
Aquel escaparate de promociones de bienvenida apuntaba, sin embargo, a tener los meses contados en España. El real decreto de comunicaciones comerciales de las actividades de juego que se tramitaba aquellas semanas (su consulta pública acababa de cerrarse) anunciaba una reordenación de arriba abajo de la publicidad y las promociones del sector regulado. Su medida más comentada era acotar los anuncios de juego en radio y televisión a la franja de la una a las cinco de la madrugada, pero el golpe de fondo era otro: el fin de los bonos de captación.
De salir adelante en los términos previstos, un operador con licencia de la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ) no podría ofrecer promociones a quien acabara de registrarse. Solo podrían recibirlas los usuarios que hubieran verificado documentalmente su identidad y cuya cuenta tuviera al menos 30 días de antigüedad. El bono como anzuelo para abrir cuenta, tal y como se entendía en aquel momento, apuntaba a convertirse en cosa del pasado en el mercado español: las promociones quedarían reservadas a jugadores ya activos y comprobados.
La verificación no es un mero trámite administrativo. Antes de activar cualquier promoción, el operador debe cotejar que el usuario no figura en el RGIAJ, el Registro General de Interdicciones de Acceso al Juego, donde se inscriben las personas que han decidido autoexcluirse. Quien consta en ese registro no puede jugar en operadores con licencia española ni, por supuesto, recibir ofertas que le inviten a volver. La inscripción en ese registro es voluntaria y gratuita, y la consulta por parte del operador, obligatoria. Es la pieza del sistema pensada para que la puerta de entrada gratuita no se convierta en una puerta giratoria.