«Soy un poco cabrón»: la caza de premios en Hobby Consolas
· Nuria Ferrer
En las tertulias de Fase Bonus la broma era recurrente: si los demás nunca se llevaban nada en los concursos de Hobby Consolas era porque un mismo lector arrasaba con todo. El aludido acabó aceptando el cargo con una fórmula que hizo fortuna: un poco cabrón, sí, pero solo un poco. Y con un atenuante difícil de rebatir: para la economía de un chaval de veinte años en los 80 y 90, gastarse 12.000 pesetas en un cartucho no era una opción. Presentarse a todos los concursos habidos y por haber, sí.
Las pegatinas de Microhobby
La especialidad venía de lejos. En la época de Microhobby, aquel lector, entonces literalmente un crío, enviaba dibujos de cuando en cuando con la vista puesta en las codiciadas pegatinas de «Tokes y Pokes». Una de ellas, con un genial dibujo de Ponce, sobrevivió décadas escondida en un bloc de ilustraciones; encontrar una de esas pegatinas hoy no debe de ser nada fácil.
El primer dibujo publicado llegó a cuenta del Barbarian, dentro de una selección de dibujos del lector que la revista sacó en su número 150.

Los números 157, 168, 177 y 178 publicaron los siguientes:




La anécdota más extraña de esta etapa llegó muchos años después. Al completar su colección de Microhobby y hojear ejemplares antiguos que en su día no había comprado, el dibujante se topó en el número 189 con una ilustración suya que ni recordaba haber enviado. Abrir una revista con más de veinte años de antigüedad y encontrarse un trazo propio olvidado: un pequeño shock, muy difícil de explicar.
El salto a Hobby Consolas
Con Hobby Consolas ya en los quioscos, el reclamo del famoso concurso de la mascota de Neo Geo, y un premio de varios centenares de miles de pesetas, reactivó la maquinaria. Aquella historia, con consola incluida, se cuenta con detalle en otra pieza; de las carpetas de la época sobrevivieron además varios bocetos inéditos del personaje.
Después vino un concurso patrocinado por Duracell. La propuesta era un cartel publicitario del Big Ben con el lema «A ver si creías que funcionaba solo»: al levantar una tapa, la torre revelaba una enorme pila en su interior. El trabajo se llevó el segundo premio, nada desdeñable: una Game Gear, el Sonic y el sintonizador de TV, que por cierto funcionaba más o menos bien.
El cartel tuvo una segunda vida bastante inquietante. Tiempo después, ya en la Escuela de Arquitectura, el autor encontró sobre su pupitre el folleto de una empresa que vendía pósters de anuncios de grandes marcas (Coca-Cola, Winston, Fanta) y allí, entre todos ellos, aparecía su dibujo. Decidió no denunciar, pero el hallazgo era escalofriante: no se trataba de una copistería cutre, sino de una de aquellas empresas de pósters que abundaban en los 80 y 90 y que todavía asoman por algunos centros comerciales.
Primal Rage, Killer Instinct y una gorra vetada
Hobby Consolas volvió a la carga con un concurso que regalaba una recreativa de Primal Rage al mejor dibujo sobre el juego. De nuevo dos trabajos presentados, publicado el primero, y esta vez un segundo premio: el cartucho de Super Nintendo, un consuelo que el propio premiado nunca supo si era peor que no ganar nada.
Casi en la misma época la revista repartió cartuchos de Killer Instinct entre las mejores ilustraciones recibidas. Otros dos envíos, otra publicación, y en esta ocasión con extra: junto al cartucho llegó una gorra con el logotipo de KI que la novia del premiado vetó de inmediato por macarra. Razón no le faltaba, resultaba horrible; aunque presentarse hoy con esa gorra en un RetroMadrid probablemente valdría una sesión de autógrafos.
Después de aquello, en Hobby Press no volvieron a convocar concursos de dibujo, y al especialista le tocó por fin rascarse el bolsillo. La época dorada del vicio gratis a golpe de rotulador dio paso a los concursos de «manda un SMS a tal número», premio para la operadora y poco más.